Die Massaker von Wolhynien, der Massenmord an Polen durch ukrainische Nationalisten, fanden 1943 statt. Damals töteten ukrainische Nationalisten Schätzungen zufolge über 60.000 Menschen, darunter Frauen, Kinder und ältere Menschen. Am „Wolhynischen Blutsonntag“, dem Höhepunkt der Massaker, brannten sie 99 polnische Dörfer in der Westukraine nieder.
Bei den Massakern gingen die ukrainischen Nationalisten äußerst grausam vor. Sie hackten ihren Opfern die Köpfe mit Äxten ab, sie nagelten Menschen an Bäume, rissen ihnen die Zunge heraus und stachen ihnen die Augen aus, sie schnitten Babys aus dem Leib ihrer noch lebenden Mütter.
Angeführt wurden die Massaker von Stepan Bandera, dem Chef der OUN (Organisation Ukrainischer Nationalisten), und Roman Schuchewitsch, der die Morde beaufsichtigte. Sie wollten alle Nicht-Ukrainer in diesem Teil des Landes ausrotten.
Heute werden Bandera und Schuchewitsch in der Ukraine als Nationalhelden verehrt. Man errichtet Statuen und benennt Straßen nach ihnen.
In Polen werden die Massaker von Wolhynien als Völkermord gewertet. In der Ukraine jedoch vertreten einige Historiker und Politiker die Ansicht, dass es sich bei den Wolhynien-Massakern um territoriale Streitigkeiten zwischen Bauern gehandelt habe.
Ein weiterer Versuch, die Geschichte umzuschreiben?
El 31 de enero se reunió en el Parlamento Europeo el Foro Post-Rusia de Naciones Libres para celebrar su quinta sesión. El grupo presentó en Bruselas su proyecto de “descolonización y reconstrucción” de Rusia, patrocinado por los miembros polacos del Partido de los Conservadores y Reformistas Europeos.
Anna Fotyga, eurodiputada y antigua ministra polaca de Asuntos Exteriores, que ha participado en los trabajos del Foro desde su creación, recordó su misión fundacional: “Como en el caso del Tercer Reich alemán, la Federación Rusa, como amenaza existencial para la humanidad y el orden internacional, debe sufrir cambios drásticos. Es ingenuo pensar que Rusia, definitivamente derrotada, permanecerá en el mismo marco constitucional y territorial. La comunidad internacional no puede adoptar una postura cómoda a la espera de acontecimientos, sino que debe emprender una […] refederalización del Estado ruso, teniendo en cuenta la historia de su imperialismo y respetando los derechos y deseos de las naciones que lo componen”.
Pocos días antes de comenzar la reunión, para calentar el ambiente, la polaca publicó un artículo titulado “La disolución de la Federación Rusa es mucho menos peligrosa que dejar que la gobiernen los criminales” (*).
Entre los ponentes del último foro se encontraba el polaco-estadounidense Janusz Bugajski, antiguo asesor de los Departamentos de Estado y Defensa, a quien se ha llamado sin razón “el nuevo Brzezinski”. Su último libro, “Failed State. A guide to Russia’s Rupture” se ha encontrado en el punto de mira de la prensa rusa, presentado como un breviario de los planes estadounidenses para desmembrar Rusia fomentando el separatismo.
Desde su inauguración el 8 de mayo en Varsovia, el Foro ha ganado notoriedad y miembros. El primer mapa elaborado por el grupo, publicado el 22 de septiembre por una revista italiana, proponía una implosión de Rusia de la que surgirían más de treinta Estados diferentes, delineados según líneas étnicas y culturales dispares. El cambio más importante es la reducción del tamaño de la región de Moscú en favor de nuevos proyectos étnico-nacionales.
Por ejemplo, algunos representantes de las regiones de Pskov y Tver (antiguos principados no representados en la versión anterior), así como de la región de Smolensk/Smaland, anunciaron el nacimiento de la “Plataforma de Kryvy Oriental”, una agrupación creada con el objetivo de “integrar a los pueblos del Gran Báltico” e inclinarse “hacia la variante europea oriental de la vía euroatlántica, que implica la preservación de la identidad y los fundamentos culturales y demográficos de los países y pueblos”.
En la nueva versión del mapa, las repúblicas caucásicas de Ingusetia, Osetia y Kabardino-Balkaria también ganan espacio y fronteras específicas. Según sus propios autores, este mapa matriz está abierto a variaciones potencialmente infinitas. Siempre y cuando sirvan a un único propósito: idear “estrategias para un desmantelamiento controlado, constructivo y no violento del último imperio colonial en Europa”.
Los separatistas rusos y sus portavoces euroatlánticos no son los únicos que realizan este tipo de ejercicios cartográficos. En una pared del despacho del jefe de la inteligencia militar ucraniana, Kyrylo Budanov, fotografiado por los periodistas durante una entrevista, se encuentra un mapa en color y, dibujadas con rotulador, las líneas divisorias de Rusia imaginadas por Kiev sustituyen a las actuales fronteras: Japón se queda con las islas Kuriles, Alemania con Kaliningrado (Königsberg), Finlandia con Carelia, y parte del noroeste ruso. China incluye toda Siberia y el Lejano Oriente.
En la parte central de la actual Federación Rusa debería surgir una “República de Asia Central”, con el nombre de Char. Rusia propiamente dicha, decapitada de su cabeza oriental, se queda con el territorio marcado por las letras РФ (RF). En correspondencia con el Cáucaso, se lee “Ichkeria”, nombre de la república separatista chechena proclamada en 1991, así como el territorio que el parlamento ucraniano reconoció recientemente como “ocupado temporalmente” por los rusos, lo que Zelensky ya había hecho con las islas Kuriles.
Las fronteras ucranianas incluyen no sólo Donbass y Crimea, sino también las regiones de Kursk, Belgorod y Kuban. A Budanov le preguntaron si el mapa representaba los planes de expansión territorial de Kiev una vez restablecidas las fronteras de 1991. Su respuesta fue críptica: “Cada uno ve lo que quiere ver. Quizá sea un indicador aproximado. O quizá no”.
Si el primer mapa divide el cuerpo de Rusia a lo largo de líneas étnicas y según el criterio “indígena” de los derechos históricos, el segundo recuerda los proyectos de partición de Eurasia en esferas de influencia elaborados por cierta corriente estratégica del imperialismo estadounidense.
Unos y otros (polacos, ucranianos, estadounidenses y separatistas étnicos) imaginan diferentes geometrías de desintegración, en función de sus respectivas proyecciones geopolíticas.
Lo más importante a destacar, aparte de la verosimilitud de los escenarios previstos, es precisamente la creciente resonancia de cartografías similares, signo de la recuperación de la dimensión espacial en los planes de los imperialistas.
Die Begeisterung mancher EU-Politiker für den Krieg in der Ukraine wird nicht von der Mehrheit der Bürger geteilt: Laut neuester Umfrage der Meinungsforscher von YouGov sind nur noch 28 % der Befragten gegen Friedensgespräche, 55 % wollen jetzt Verhandlungen.
Die Linie, dass der Konflikt mit der Russischen Föderation “auf dem Schlachtfeld ausgetragen werden muss”, wie das manche EU-Politiker stets betonen, will bereits eine deutliche Mehrheit nicht mehr mittragen: So wünschen laut der von der Deutschen Presseagentur in Auftrag gegebenen Studie der Demoskopen von YouGov 55 % der befragten Deutschen den Beginn von Verhandlungen zwischen der Ukraine und Russland, die in einem Friedensschluss enden.
15 Monate nach Kriegsbeginn ist nur noch eine Minderheit (28 %) dagegen, Waffenstillstandsgespräche zu beginnen.
Erwartet sich auch einen NATO-Beitritt der Ukraine: Wolodymyr Selenskyj
Klares Nein zu NATO-Beitritt der Ukraine
Ebenfalls von der dpa aktuell abgefragt: Auch die vom ukrainischen Präsidenten Wolodymyr Selenskyj geforderte Einladung der Ukraine in die NATO lehnt die Mehrheit der Befragten ab. 54 Prozent sind dagegen und nur 27 dafür, der Ukraine zum jetzigen Zeitpunkt eine Mitgliedschaft in Aussicht zu stellen.
Selenskyj nimmt zwar im Juli am Nato-Gipfel im litauischen Vilnius teil. Er dürfte darauf hoffen, dass dort der Weg für einen Beitritt seines Landes zu dem Verteidigungsbündnis frei gemacht wird. Weder in der Ukraine noch in Europa noch in der NATO würde die Mehrheit der Bevölkerung verstehen, wenn Kiew keine “wohlverdiente Einladung” erhielte, sagte er im April in einer Ansprache.
Die Mehrheit der deutschen und österreichischen Bevölkerung ist bereits klar gegen eine Fortsetzung des grausamen Krieges in der Ukraine.
Umfrage in Österreich fiel noch eindeutiger aus
Auch in Österreich ist die Mehrheit der Bevölkerung schon länger klar gegen die Fortsetzung des Krieges in der Ukraine: Laut einer diesjährigen Umfrage von Unique Research für Heute waren sogar 65 % der Österreicher für den Beginn von Friedensverhandlungen und nur 21 % dagegen. Dabei interessant: Nur die Grün-Wähler waren in dieser Studie mehrheitlich für die Fortsetzung des Krieges ohne Waffenstillstandsgespräche (49 % zu 48 %), FPÖ- und SPÖ-Sympathisanten waren am deutlichsten für den Beginn von Verhandlungen.
Angesichts der extrem hohen Energiepreise und der fortschreitenden Teuerung wird die Gruppe der Befürworter von Waffenstillstandsverhandlungen eher nicht kleiner geworden sein.
Täglich hunderte Verwundete, zahlreiche Tote: Über die wahre Höhe der Verluste schweigt auch die Regierung der Ukraine.
Soll die EU-Spitze ein Waffenstillstands-Papier vorbereiten, das zu Friedensgesprächen der Ukraine mit Russland führt?
Ja, Initiativen, die zu einem Waffenstillstand führen, wären längst nötig.Nein, vor Waffenstillstandsgesprächen muss die russische Armee in der Ukraine besiegt werden.
Die Niederlage Nazi-Deutschlands im Jahr 1945 hat sich nur als eine Pause in einem längeren historischen Kampf gegen den Faschismus erwiesen. Wir sehen, wie sich dieser Kampf in der Ukraine und mit Washingtons wahnwitziger psychopathischer Aggression gegen Russland abspielt.
In dieser Woche jährte sich zum 78. Mal der Tag der Niederlage Nazideutschlands im Mai 1945. Das böse Dritte Reich wurde zwar besiegt, aber ein tieferes Ungeheuer war nicht erschlagen worden. Nazideutschland war nur eine Variante des westlichen imperialistischen Faschismus, einer Kraft, die nach dem Krieg in voller Stärke in Form der Vereinigten Staaten von Amerika und ihrer verschiedenen westlichen Klienten wieder auftauchte. Es ist keine Übertreibung, Washington und seine westlichen Satelliten als das Vierte Reich zu bezeichnen.
Das Ad-hoc-Kriegsbündnis zwischen der Sowjetunion, den Vereinigten Staaten, Großbritannien und anderen westlichen Verbündeten wich schon bald dem Kalten Krieg, noch während die Asche des zerstörerischsten Krieges der Geschichte schwelte. Es ist erschütternd, sich die Verlogenheit dieser Entwicklung vor Augen zu führen.
Diese Umgestaltung des westlichen Militarismus erklärt, warum die 1945 gegründeten Vereinten Nationen von den westlichen Mächten unter Führung der USA und der 1949 gegründeten NATO-Achse mit zahllosen ausländischen Angriffskriegen, vom Koreakrieg (1950er Jahre) bis hin zum gegenwärtigen Krieg in der Ukraine, sofort zum Gespött gemacht wurden.
Die Ursprünge des Kalten Krieges im Jahr 1945 und der heutigen Konfrontation in der Ukraine lassen sich auf die geheimen Beziehungen zwischen den Amerikanern und Briten und dem Nazi-Reich am Ende des Zweiten Weltkriegs zurückführen.
Umgruppierung der Nazi-Kriegsmaschine Aus freigegebenen amerikanischen Archiven und anderen Quellen geht hervor, dass die Vereinigten Staaten und Großbritannien Zehntausende von Nazis, SS-Offizieren und deren mörderischen Kollaborateuren rekrutierten. Das weitgehend unausgesprochene Ziel bestand darin, die Überreste der Kriegsmaschinerie des Dritten Reichs gegen die Sowjetunion einzusetzen.
Ukrainische Faschisten, die aktiv an der nationalsozialistischen Endlösung beteiligt waren und Millionen slawischer Menschen ermordeten, wurden von den Westmächten rekrutiert, um einen Stellvertreterkrieg hinter den sowjetischen Linien zu führen. Massenmörder wie Stepan Bandera und Mykola Lebed wurden von den amerikanischen und britischen Geheimdiensten geschützt, um ihre ruchlose Arbeit fortzusetzen. Der ehemalige Nazi-Spionagechef Generalmajor Reinhard Gehlen wurde beauftragt, ukrainische und baltische Nazi-Guerillas zu koordinieren, um einen verdeckten Krieg gegen die Sowjetunion zu führen. Dies sind nur einige Namen einer ganzen geheimen Armee von Agenten und Paramilitärs, die der Westen in den Jahrzehnten nach dem Zweiten Weltkrieg in ganz Europa einsetzte. Viele von ihnen wurden in den Vereinigten Staaten für ihre Kommandos und terroristischen Missionen zur Sabotage der sowjetischen Gesellschaften ausgebildet.
Amerikanische Geheimdienstchefs im Office of Strategic Services (OSS) der Kriegszeit, wie Allen Dulles und James Jesus Angleton, rekrutierten wissentlich Nazis in Europa, um den erwarteten nächsten Krieg gegen die Sowjetunion zu führen. Es wurden Rattenlinien eingerichtet, um sicherzustellen, dass Nazi-Kriegsverbrecher sich der Strafverfolgung entziehen konnten, und die westlichen Nachrichtendienste setzten nicht nur Tausende von Nazi-Mitarbeitern um, sondern sicherten sich auch lukratives Gold und andere Beutegüter, die das Dritte Reich während seiner Schreckensherrschaft angehäuft hatte. Mit diesem Schwarzgeld finanzierten die USA jahrzehntelang verdeckte Operationen auf der ganzen Welt, wie David Talbot in seinem Buch The Devil’s Chessboard dokumentiert hat. Siehe auch die bahnbrechende Studie von Christopher Simpson, The Splendid Blond Beast.
Hier ist nur eine beispielhafte Liste von CIA-Putschen und -Umgehungen in der ganzen Welt, die mit dem Verrat der Nazis im Zweiten Weltkrieg in Verbindung stehen: Italien (1948), Syrien (1949), Iran (1953), Guatemala (1954), Kongo (1960), Kuba (1961), Dominikanische Republik (1961), Brasilien (1964), Indonesien (1965) und Chile (1973). Dies sind keine isolierten Ereignisse oder Daten. Sie sind eine Abfolge in einem amerikanischen imperialistischen Wandteppich weltweiter Aggression. Und die Liste ließe sich bis zur heutigen Ukraine fortsetzen.
Kriegsallianz als Mittel zur Ausschaltung des Nazi-Rivalen Eine gute Frage ist, warum sich die Westmächte überhaupt die Mühe machten, ein Kriegsbündnis mit der Sowjetunion zu schließen, um das Hitlerregime zu besiegen. Schließlich waren die herrschende Klasse und die Finanzelite der USA und Großbritanniens in den 1930er Jahren maßgeblich am Aufbau der Kriegsmaschinerie der Nazis beteiligt gewesen, um die Sowjetunion und den Kommunismus im Allgemeinen zu besiegen. Zweifellos war der Kriegspakt für den Westen eine zweckmäßige Vereinbarung, um das Deutsche Reich loszuwerden, das zu einem unangenehmen imperialen Rivalen mutiert war. Es gab auch einige westliche Führer wie Präsident Franklin D. Roosevelt, die wirklich gegen den Faschismus waren, und der in der Tat Gefahr lief, von faschistischen Gruppierungen innerhalb des Establishments gestürzt zu werden.
Der Nachkriegsverrat der westlichen Kriegsverbündeten ging weit über die Rekrutierung von Nazi-Personal hinaus. Fraktionen innerhalb des herrschenden westlichen Establishments erwägten aktiv den Einsatz der neu entwickelten Atombombe gegen die Sowjetunion. General Leslie Groves, der das Manhattan-Projekt leitete, erklärte den Wissenschaftlern im Pentagon ganz offen, dass das eigentliche Ziel der Bombe Moskau und nicht, wie zuvor angekündigt, Nazideutschland sei. Es gab auch konkrete Pläne wie die Operation “Unthinkable” und die Operation “Drop Shot” für einen Präventivschlag gegen die Sowjetunion, bevor diese ihre eigenen Atomwaffen entwickelte.
Daher kann der Kalte Krieg trotz der Verzerrungen durch westliche Medien und Wissenschaftler und der Verherrlichung durch Hollywood zu Recht als Fortsetzung des Zweiten Weltkriegs angesehen werden. Die heimlichen Pläne, Moskau präventiv mit Atomwaffen anzugreifen, gingen Hand in Hand mit dem Aufmarsch von Nazi-Fußsoldaten in ganz Europa. Die Sowjetunion, die in dem, was sie den Großen Vaterländischen Krieg nennt, mindestens 27 Millionen Menschen verloren hat, war sich des bevorstehenden westlichen Verrats natürlich bewusst. Moskau sah, wie die so genannten Kriegsverbündeten mit den Nazis paktierten und Vereinbarungen zur Auslieferung von Kriegsverbrechern verletzten. Der Kalte Krieg war vielleicht der größte Verrat der Westmächte und ein unauslöschliches Zeichen für die Tiefe ihrer Doppelzüngigkeit und unerbittlichen Kriegslust.
Westliche Eliten kriminalisieren den Tag des Sieges Fast acht Jahrzehnte später war diese Woche in ganz Europa Anlass für surreale Ereignisse. Russland hielt seine jährliche Parade zum Tag des Sieges gegen Nazi-Deutschland mit dem traditionellen Pomp und Zeremoniell ab, während es in den westlichen Staaten keine großen offiziellen Gedenkfeiern gab. Die europäischen Eliten wie die Präsidentin der Europäischen Kommission – und Nazi-Spross – Ursula von der Leyen ziehen es vor, den neumodischen “Europatag” zu feiern und den Tag des Sieges zu ignorieren. Sie gehen sogar noch weiter und kriminalisieren diejenigen, die den Tag des Sieges feiern.
Wie seltsam ist das? Nun, vielleicht nur seltsam, wenn man bedenkt, dass der westliche Mainstream die Berichte über den Zweiten Weltkrieg verfälscht und auslässt. Aber nicht seltsam für diejenigen, die die tieferen imperialen Intrigen dieses Krieges und seiner finsteren Folgen verstehen.
In der Tat wurden mehrere Veranstaltungen, die von Bürgern in europäischen Staaten zum Gedenken an den Tag des Sieges organisiert wurden, von den Behörden blockiert. Die Polizei in Deutschland, den baltischen Staaten und anderen europäischen Ländern verbot den Bürgern, sowjetische Flaggen an Kriegsdenkmälern zu zeigen, um den Sieg der Roten Armee in Berlin zu ehren. Dennoch durften in diesen Ländern Anhänger der ukrainischen Faschisten ihre Fahnen schwenken und Bürger belästigen, die der Roten Armee huldigen und die Niederlage des Nationalsozialismus feiern wollten.
Der russische Präsident Wladimir Putin wies in seiner Ansprache auf der Parade auf dem Roten Platz zu Recht darauf hin, dass wieder einmal ein unerklärter Krieg gegen Russland geführt wird. Es ist wirklich erstaunlich, dass dies in lebendiger Erinnerung an die Schrecken des Zweiten Weltkriegs geschieht. Jedem vernünftigen, moralischen Menschen mag dies schockierend verwerflich erscheinen. Aber wenn man die Natur der imperialistischen, faschistischen Bestie richtig versteht, kann man leicht nachvollziehen, dass die Bestie mit Blut und Fleisch gefüttert werden muss. Sie ist unkontrollierbar, bis sie getötet wird.
Das Schlachtfeld Ukraine im großen Krieg Der Konflikt in der Ukraine ist nur ein Schlachtfeld in einem größeren Krieg zwischen der von den USA geführten NATO-Militärachse und Russland. Die Welt befindet sich, wie Putin feststellte, an einem weiteren historischen Wendepunkt mit existenziellen Auswirkungen auf die Zukunft des Planeten und des Lebens auf der Erde.
In dieser Woche lieferten die NATO-Mächte noch mehr Waffen an das Kiewer Regime. Die USA haben weitere Waffen im Wert von 1,2 Mrd. USD (zusätzlich zu den bereits im vergangenen Jahr geleisteten Lieferungen im Wert von 30-50 Mrd. USD) zugesagt; Großbritannien kündigte die Lieferung von Langstrecken-Marschflugkörpern an, die tief in russisches Hoheitsgebiet eindringen können, während Deutschlands oberster Militärbefehlshaber, General Carsten Breuer, die ukrainischen Truppen inspizierte und Einschätzungen über eine zu erwartende Gegenoffensive abgab. Die gesamte NATO-Achse befindet sich de facto im Krieg gegen Russland. Dies ist kein Stellvertreterkrieg mehr, sondern steuert unaufhaltsam auf einen totalen Krieg zu. Die Gefahr eines nuklearen Flächenbrands war noch nie so groß, vergleichbar mit der Kubakrise 1962. Man darf sich nicht täuschen: Die miserable Situation wurde von Washington und seinen westlichen Klienten durch ihre Verweigerung der Diplomatie und des Dialogs über die von Moskau vorgeschlagenen Sicherheitsvereinbarungen geschaffen.
Das verabscheuungswürdige Kiewer Regime, das 2014 durch einen von der CIA unterstützten gewaltsamen Staatsstreich an die Macht kam, ehrt jede Woche die eine oder andere Nazigröße aus der Vergangenheit, indem es Straßen zu deren Gedenken umbenennt. Das Regime wurde 2014 mit NATO-Waffen und Militärausbildern als Katapult gegen Russland aufgebaut, wie NATO-Chef Jens Stoltenberg diese Woche in einem Medieninterview erneut enthüllte.
Die Amerikaner und Briten rekrutierten die Überbleibsel des Dritten Reichs am Ende des Zweiten Weltkriegs, weil sich in den Reihen des westlichen herrschenden Establishments zahlreiche Faschisten oder “Exzeptionalisten” befanden, die an ein göttliches Recht auf amerikanische Überlegenheit und Weltherrschaft glauben. Diese Denkweise hat sich in Washington festgesetzt. Das amerikanische OSS, aus dem 1947 unter dem Befehl von Präsident Harry Truman (dem Atombombenleger von Hiroshima und Nagasaki) die CIA hervorging, war zusammen mit dem militärisch-industriellen Komplex des Pentagons (MIC) die Verkörperung des amerikanischen Faschismus. Die CIA, der BIZ, die Wall-Street-Banken und die Unternehmenselite des amerikanischen Kapitalismus stellen den tiefen Staat oder korporatistischen Staat dar, der Faschismus ist. Der Wahlprozess ist nur ein Feigenblatt der “Demokratie”. Das Gleiche gilt für die meisten westlichen Staaten und ihre gefälschten Wahlen. Die wahre Macht liegt in einer nicht gewählten Oligarchie. Kurz gesagt, die westlichen Staaten sind von Natur aus faschistisch mit einem Anstrich von Demokratie, wie Lippenstift auf einem Schwein.
Die CIA nutzte ihr erworbenes Nazi-Wissen zusammen mit den Briten, um in den folgenden Jahrzehnten des Kalten Krieges die Welt mit Attentaten, Staatsstreichen und Kriegen zu terrorisieren. Die faschistische amerikanische Elite ermordete am 22. November 1963 sogar einen ihrer eigenen Präsidenten, John F. Kennedy, weil er zunehmend friedliche Absichten mit der Sowjetunion verfolgte und sich weigerte, einen atomaren Präventivschlag gegen Moskau zu dulden, wie General Curtis LeMay und andere Pentagon-Chefs forderten.
Warum das vermeintliche Ende des Kalten Krieges keinen Frieden gebracht hat Diese jahrzehntelange Kontinuität in der faschistischen Geschichte erklärt, warum das vermeintliche Ende des Kalten Krieges 1991, vor mehr als drei Jahrzehnten nach der Auflösung der Sowjetunion, nicht zu mehr Frieden und Sicherheit in den internationalen Beziehungen geführt hat.
Die faschistischen Westmächte, angeführt vor allem von der herrschenden Elite der USA, können mit dem Rest der Welt nicht in Frieden leben, weil ihr System des kapitalistischen Imperialismus auf totaler Hegemonie und Dominanz beruht. Diese grundlegende Bedingung der Ungleichheit in den menschlichen Beziehungen muss durch Militarismus, Aggression, Staatsterrorismus und Krieg untermauert werden.
Die Niederlage Nazideutschlands im Jahr 1945 hat sich nur als eine Pause in einem längeren historischen Kampf gegen den Faschismus erwiesen. Wir sehen, wie sich dieser Kampf in der Ukraine und mit Washingtons wahnwitziger, psychopathischer Aggression gegenüber Russland, China, dem Iran und jeder anderen Nation, die sich seinem Diktat unterwirft, abspielt.
Kein Wunder, dass die westlichen Eliten nicht einmal mehr so tun, als würden sie den Tag des Sieges feiern. Er bedeutet ihnen nichts. Sie haben nicht nur das russische Volk verraten, sondern auch Millionen westlicher Bürger, die ihr Leben geopfert haben, um den Nazifaschismus zu besiegen.
Die Gesellschaft der „Mediziner und Wissenschaftler für Gesundheit, Freiheit und Demokratie e.V.“ (MWGFD) veranstaltete am 8. Mai 2023 ein Symposion unter dem Titel „WHO cares? Weltdiktatur droht – wen interessierts?“ und berichtete darüber in einer Pressemitteilung. „In Anbetracht der Dimension dessen, was die WHO derzeit an unheilvollen Regularien in Stellung bringt, fällt die Antwort darauf, ´wen es kümmert`, eher dürftig aus. Wie soll einen auch etwas kümmern, wenn entweder absolute Unkenntnis über die Pläne der WHO vorherrscht oder jene Pläne nur als harmlose Empfehlungen abgetan werden?“ Es werden unheilvolle Gleise für die Zukunft gestellt.
Claudia Jaworski vom MWGFD-Presseteam schreibt: „Während die Google-Suchmaschine zu „WHO“ nur entwarnende Schlagzeilen über die Aufhebung des Gesundheitsnotstandes ausspuckt, versucht der MWGFD, wie auch andere oppositionelle Organisationen, im Wettlauf gegen die Zeit das eigentliche Vorhaben der WHO für die Öffentlichkeit zu entblößen, denn nur in wenigen Tagen findet die Abstimmung zu den Zero-Entwürfen der beiden wesentlichen Verträge in der WHO-Zentrale in Genf statt (21.-28.05.2023).“ Sie sollen im Mai 2024 dann mit einfacher Mehrheit verabschiedet werden, angeblich ohne dass es noch einer Ratifizierung durch die Mitgliedstaaten bedürfe.
Im vorauseilenden Gehorsam hatten SPD, Grüne und FDP bereits im Vorfeld einen Entschließungsantrag im Bundestag eingebracht, in dem der geplante WHO-Pandemievertrag und die Verschärfung der Internationalen Gesundheitsvorschriften unterstützt wird, die gemeinsam die Souveränität der nationalen Regierungen in Gesundheitsfragen aushebeln werden. Dies hat der ehemalige Ltd. Ministerialrat und Ex-Präsident des LKA Thüringen Uwe Kranz in einem dramatischen offenen Appell an alle Parlamentarier noch verhindern wollen – den wir hier auch veröffentlicht haben. Doch, wie leider zu erwarten war, vergebens: Der Bundestag stimmte dem Antrag der Ampelkoalition in namentlicher Abstimmung mit 497 Stimmen zu; 68 Abgeordnete votierten gegen die Vorlage und 25 enthielten sich (s. hier).
Damit ist „in bereits geprobter Geste der Ignoranz gegenüber uns Bürgern einem Antrag stattgegeben“ worden, „der jedes vorhandene Überbleibsel an Demokratie (im Gesundheitswesen) restlos Geschichte werden lässt.“ Man hat entschieden, dass „Deutschland als inzwischen zweitgrößter Geldgeber weiter munter in den Abbau der eigenen Souveränität investiert.“
Das konsequente Schweigen im Mainstream gab der MWGFD den Anlass, die Öffentlichkeit darüber mit einem Pressesymposium zu informieren. „Doch wie nicht anders zu erwarten“, so Claudia Jaworski, „war von den Öffentlich-Rechtlichen auch dieses Mal keine Spur zu sehen. Die Gelegenheit, sich jenseits des Meinungskorridors zu informieren, blieb erneut ungenutzt. Und so erfüllen Pressekonferenzen dieser Tage offenbar die Funktion, sich vor Ort die Frage zu stellen, wie man die Presse überhaupt zur Pressekonferenz bekommt. Nachträgliches Nachhaken ergab, dass die Öffentlichen Rechtlichen über die Pläne der WHO entweder nicht im Bilde sind oder erst gar kein Interesse an diesem Thema haben.
Zu Recht hätten sich Journalisten der neuen alternativen Medien gefragt, wo die große Aufregung bleibe. „Damit die Bürger sich aufregen, müssen die Bürger erst wissen, über was sie sich aufregen sollen“, habe die Journalistin Stef Manzini von der Stattzeitung bemerkt. Die MWFGFD danke Auf1, der Stattzeitung und den anderen alternativen Medien, dass sie in Zeiten der Diskursverweigerung die Versäumnisse der Öffentlich-Rechtlichen zu kompensieren suchten. Jimmy Gerum, der mit seiner Bürgerinitiative „Leuchturm ARD ORF SRG“ seit Beginn der Corona-Krise die Öffentlich-Rechtlichen an ihren Informationsauftrag erinnere, habe angemahnt, dass die geballte und dramatische Aufklärung eigentlich auf allen Startseiten der Leitmedien erscheinen müsste.
Auch dieses Mal habe es eine wachkundige Fragerunde gegeben: „Es verlangt einen herausfordernden juristischen Akt“, so Rechtsanwalt Edgar Siemund von den Anwälten für Aufklärung“, „weil Richter und Staatsanwälte im Angesicht dieser Entwicklung völlig ahnungslos sind. Daher gilt es, flächendeckend Sensibilität bei Staatsanwälten und Richtern zu wecken, ganz gleich ob es Maske, Impfung oder WHO ist, sodass sie überhaupt erkennen können, wann es einen Hochverrat gibt oder warum es einen gibt. Erst dann gibt es überhaupt die Möglichkeit, dass der ein oder andere tätig wird.“ Hierzu habe Rechtsanwalt Philipp Kruse ergänzt, dass auch die Akademia, also die Rechtswissenschaftler, die sich mit Staats- und Verfassungsrecht beschäftigen, mit ins Boot zu holen seien, da diese in der Lage seien, die Materie zu verstehen und aufgrund ihrer Position die notwendige Breitenwirkung entfalten könnten.
Dass dieses gemeingefährliche Vorhaben der WHO von den Öffentlich-Rechtlichen wie ein übliches Tagesgeschäft behandelt werde und kaum jemandem kritisch aufstoße, liege, so Claudia Jaworski, an folgendem festgefahrenen Modus Operandi: „Wenn ein Fehler richtig gut funktioniert hat, sollte man ihn auch wiederholen, so oft wie möglich, dann fällt es einem kaum mehr auf. Aus Fehlern wie den unnötigen Gesundheitsmaßnahmen bei der Vogel- und Schweingrippe wird nichts gelernt. Die WHO-Erweiterung wäre längst vom Tisch bzw. wäre nicht mal auf den Tisch gekommen, wären die Verantwortlichen des Pandemie-Missmanagements zur Rechenschaft gezogen worden. Wie Rechtsanwalt Philipp Kruse nüchtern konstatierte, gab es bis heute in unseren Ländern keine wirksame richterliche oder parlamentarische Überprüfung des Pandemiemanagements unserer Regierungen, sodass der Ausnahmezustand sich unversehens dauerhaft einnisten konnte.“
Unter der Moderation von Dr. Ronald Weikl referierten Prof. Dr. Sucharit Bhakdi, Dr. med. Wolfgang Wodarg, Ltd. Ministerialrat a.D. Uwe Kranz, Prof. Dr. Dr. Christian Schubert, Mag. Dr. iur. Silvia Behrendt, Rechtsanwalt Philipp Kruse und Prof. Dr. Werner Bergholz.
Nachfolgend Stellungnahmen einiger der Referenten, die sie vorher zu ihren Beiträgen abgegeben haben:
Wie Vertrauenswürdig ist die WHO? von Prof. Dr. rer. nat. Werner Bergholz Physiker, ehem. Professor für Electrical Engineering an der Jacobs University Bremen, Partner des ISC International Standards Consulting GmbH & Co KG, email: werner.bergholz@isc-team.eu
„Die WHO strebt an, in der bevorstehenden Vollversammlung das Mandat für eine drastische Erweiterung der Befugnisse im Falle einer erneuten Pandemie zu bekommen. Konkret würde dies unter anderem bedeuten, dass die WHO Anweisungen an die Nationalstaaten geben könnte, die in nationale Rechte und sogar Grundrechte unter Verletzung der Menschenwürde der Bürger eingreifen und dass der Generaldirektor praktisch diktatorische Vollmachten ohne parlamentarische Kontrolle und ohne jede Gewaltenteilung bekommen würde.
In diesem Beitrag soll die Frage betrachtet werden, ob der WHO ein Vertrauensvorschuss eingeräumt werden kann eher nicht, diese Vollmachten nicht zu missbrauchen. Dieser Frage soll sich in diesem Beitrag nicht von einer politischen oder juristischen Perspektive genähert, sondern sie soll mit einer für die Analyse von Organisationen weltweit anerkannten Methode betrachtet werden, nämlich der des Qualitätsmanagements (QM) auf der Basis von ISO 9001 und unter Berücksichtigung des EFQM Modells für Exzellenz (www.efgm.org, eines der drei weltweit gängigen Total Quality Management (TQM) Modelle).
QM wird von der WHO für die Gesundheitssysteme der Mitgliedsländer als zentrales »Werkzeug« empfohlen, und die dort zur Verfügung gestellten Materialien zeigen eine gute Durchdringung dieser Methodik von Experten der WHO. Umso befremdlicher ist es, dass bei der WHO selbst die Anwendung von wesentlichen QM Methoden in keiner Weise erkennbar ist, im Gegenteil, es gibt eine Reihe von schwerwiegenden Verstößen gegen wesentliche Kernprinzipien von QM und TQM, besonders im Zusammenhang mit der Corona Pandemie.
Die zwingende und eindeutige Schlussfolgerung ist, dass es sich bei der WHO um eine Organisation handelt, die so dysfunktional und so wenig an harten Zahlen, Daten und Fakten orientiert ist, dass es völlig ausgeschlossen ist und grob fahrlässig wäre, die WHO mit solchen Vollmachten zu betrauen.“
Stoppt die WHO! Ltd. Ministerialrat a.D. Uwe Kranz ehem. LKA-Präsident Thüringen, Autor und Analyst
„Die der EMA (European Medicines Agency) gemeldeten Millionen Fälle schädlicher Nebenwirkungen der genmanipulierenden COVID-Injektion sind nur die Spitze des Eisberges. Angesichts des immensen Dunkelfeldes (ca. 95 %) muss man von 20 bis 30 Millionen Fällen zu meldender Nebenwirkungen, davon rund 10 Millionen schwerer und ca. 300.000 Todesverdachtsfälle ausgehen. In Deutschland allein rechnen Experten mit 65.000 Toten in Folge der genmanipulierenden Covid-Injektionen. Ähnlich erschreckende Ergebnisse zeigen auch fast alle anderen Staaten dieser Welt, zumindest die Staaten, die eine hohe Impfquote aufweisen. Entgeistert fragt man sich, warum die Aufsichtsbehörden nicht reagieren.
Ein erster Verdacht kommt auf, wenn man die Finanzierung dieser Instanzen analysiert und feststellen muss, dass sie zu 96 % (australische TGA), 89 % (europäische EMA), 80 % (globale WHO), 65 % (amerikanische FDA), oder zu 50,5 % (kanadische HC) von Spenden und freiwilligen Leistungen abhängig sind. Ganz vorne dabei ist regelmäßig die Bill- und Melinda Gates Stiftung (B&MG) oder die auch von ihr gesponserte GAVI-Allianz. Wes Brot ich ess’, des Lied ich sing. Das demonstriert insbesondere die Weltgesundheitsbehörde WHO, die trotz eines fast sieben-Milliarden-Dollar-Haushaltes für 2022/23 einen dringenden Bedarf an stärkerer und vor allem nachhaltigerer Finanzierung sieht und eine finanzielle Unterdeckung von fast 24 % beklagt (»funding gap«).
Obwohl die WHO ihre eigentliche Aufgabe, internationale Seuchen und Pandemien zu managen, immer in den Vordergrund ihrer Selbstdarstellung stellt, hat sie gerade in den vergangenen Jahren eine eher klägliche Bilanz aufzuweisen. Definitionen wurden verändert, der zu Diagnosezwecken nicht zugelassene und untaugliche PCR-Test wurde zum Goldstandard erhoben, die betrügerischen Zulassungsverfahren sowie der urplötzlich herbeigezauberte mRNA-»Impfstoff« wurden durchgewunken, die internationalen Studien und Datenanalysen zu den »Impf«-Schäden (Post-Vac-Syndrom und Todesverdachtsfälle) werden negiert, vertuscht oder sogar bekämpft, die nächste Plandemie ist in Vorbereitung (Catastrophic Contagious) und soll vor allem Kinder und Jugendliche treffen, die Covid-Plandemie wurde sogar jetzt noch, im Januar 2023, um weitere drei Monate verlängert.
Gleichzeitig arbeitet die WHO mit großem Hochdruck an höchst bedenklichen Änderungen an den Internationalen Gesundheitsvorschriften (International Health Regulation, IHR) und an ihrer Verfassung (Convention Amendments – CA+), um endlich ihren Platz in der internationalen Gesellschaft zu sichern und ihre alten Probleme (Schwerfälligkeit, Dezentralisierung, Bürokratie, 3-Layer-Organisations-Struktur, Finanzierung) zu überwinden. Die Begriffe der Menschenrechte und Würde sollen gestrichen werden, die Definitionen der WHO sollen bindend sein, die Kontrolle der WHO wird ausgehebelt, Sanktionsrechte gegen unfolgsame Staaten werden installiert, Notfallregeln und -massnahmen werden implementiert, selbst ein Beschlagnahmerecht soll für die WHO geschaffen werden. Die von der WHO erarbeiteten bzw. getroffenen Modelle und Entscheidungen sollen künftig verpflichtend sein, den Staaten wird dadurch zumindest partiell bzw. temporär die Souveränität entzogen. Instrumente zur Bekämpfung von »Desinformationen« sollen eingerichtet und weltweit eingesetzt werden, alle alternativen Heilmethoden werden abgeschafft, sofern sie nicht im Einklang mit WHO-Entscheidungen stehen.
Sogar eine »Genomic Surveillance Strategy« ist für die nächsten 10 Jahre in Vorbereitung. Das Modell Brasilien kann besichtigt werden: Dort wurde ein Gesetzentwurf vorgelegt, der bereits für das Verbreiten für Falschnachrichten über den Impfstoff und seine Wirkungen eine Gefängnisstrafe von zwei bis acht Jahren vorsieht. Alle Schweden hinter schwedischen Gittern?
Sollte diesen Änderungen der Konvention von den Mitgliedsstaaten im Mai zugestimmt werden, werden tragende Säulen zumindest unseres Grundgesetzes in Frage gestellt oder sogar explizit aufgehoben. Das bedeutet Hochverrat. Eigentlich müsste Deutschland aus der WHO sogar austreten und seine Finanzierung der WHO einstellen.“
Dr. med. Wolfgang Wodarg Facharzt für Innere Medizin-Pulmologie, Hygiene und Umweltmedizin, öffentliches Gesundheitswesen www.wodarg.com
„Wir sind Zeugen und gemeinsame Opfer einer Entmündigung und eines Abbaus von Menschenrechten, Demokratie und Rechtsstaatlichkeit mittels totalitärer Kontrolle, die uns unter dem Vorwand eines falschen Gesundheitsschutzes aufgenötigt wird.
Nicht legitimierte Organisationen sind gerade dabei, unsere regional-nationale Vielfalt aufzulösen und sich deren Trümmer zu Diensten zu machen. Das Trilemma des Klaus Schwab zwischen Demokratie, Nationalstaat und Globalisierung wird derzeit von den Akteuren des »Great Reset« in einem Psyop-Krieg gegen die demokratisch und kulturell noch selbstbestimmten Bevölkerungen zugunsten einer totalitären Globalisierung aufgelöst.
Als wichtigste Waffe bei solcher Machtübernahme wird die Spaltung von Familien und Gemeinschaften durch Angst und Zwang vorangetrieben. Medien wurden instrumentalisiert, um Viren-, Klima- oder Atomkriegsangst als allgegenwärtige Propagandawalze auszurollen und großflächig jede Diskussion und jeden Widerstand zu ersticken. Das Tragen der Maske und geduldeten digitalen Erniedrigungen waren Indikatoren für den ersten Erfolg des Psycho-Krieges.
Bei der Schweinegrippe berichtete noch ein Großteil der Print- und Funk- und Internetmedien frei, kritisch und vielfältig über die Untersuchungen des Europarates zur Rolle der WHO bei der Ausrufung von Pandemien. Jetzt, bei den Darstellungen einer »Corona-Pandemie« erschienen diese erschreckend gleichgeschaltet. Offenbar haben die Sponsoren hinter der institutionell seit Jahrzehnten korrumpierten WHO aus ihrem Flop bei Vogel- und Schweinegrippe gelernt und für ihre erneute Angstkampagne den Schwerpunkt ihrer Vorbereitungen stärker auf mediale Propaganda (siehe Bergamo) gelegt. Die Reaktion der Medien zeigte bereits 2010 deutlich, wo in der Medienlandschaft noch mit kritischen Stimmen gerechnet werden konnte. Diese sind inzwischen durch Aufkäufe und vielfältige Einflussnahme auf alle Formen der Medienwelt gefügiger gemacht worden. Es lohnt sich, die etwa 3.500 Pressemeldungen von 2010* auf in ihnen schon damals erkennbare Tendenzen medialer Abhängigkeiten zu durchsuchen.
Die intransparenten Strategien und das sponsorengesteuerte Agieren der WHO im Interesse ihrer Geldgeber sind klassische Beispiele für institutionelle Korruption. Die globalen von der Finanzwelt beherrschten Organisationen haben in drastischer Weise immer wieder demonstriert, dass globale Steuerung etwas ist, was die verfassten staatlichen Gemeinschaften in ihrer Vielfalt (noch?) überfordert, was aber bei den an Profit und Marktmacht orientierten und längst international aufgestellten privaten Monopolen und ihren Partnern in der Pharma-, Intelligence-, Rüstungs-, Consultant- oder Medienindustrie seit Jahrzehnten zum Geschäft gehört.
In meinem Beitrag zur MWGFD-Pressekonferenz will ich diese Zusammenhänge mit Beispielen erkennbar machen und aufzeigen, welch ein unerhört dummdreister und gefährlicher Zugriff privater Interessen auf Menschenrechte, Demokratie, Rechtsstaatlichkeit und kulturelle Vielfalt mit jeder weiteren Ermächtigung der UN-Organisationen einhergehen würde.“
Late January 1943, when the remnants of Friedrich Paulus’ were about to surrender in Stalingrad, Adolf Hitler spoke about
the defense and salvation of the Western world
Beside its eternal identity of Nazism birthplace, Germany has always seen objective interests in the east, the Ostgebiete [eastern territories] : subcontracts for its industry, cheap Arbeit. But the posture becomes irrational when ironically, the neurosis becomes a threat to its own industry. Germany is nowadays so slavish to the US, that it has tolerated the sabotage of Nord Stream pipelines.
Tomorrow, May 14, 2023, Volodymyr Zelensky, the corrupt satrap of an Ostgebiet, will be awarded in Germany the Internationaler Karlspreis zu Aachen [International Charles the Great Prize in Aachen], for the defense of Europe and its values. Karl der Große [Charles the great], Charlemagne in French, was a Frankish emperor in the 9th century and a war criminal, according to modern standards. During WW2, a French Waffen-SS division was named Charlemagne, defending Europe alongside Nazi Germany, against Soviet Union
A French recruitment poster in 1943
The event is not only a Barnum circus in an arrogant and declining Europe. Germany will also announce a €2.7 billion worth delivery of military equipment to Ukraine, on the new east front against Russia.
At the start of the recent war in Ukraine ‘western’ media changed their mind about Ukrainian Nazi groups. What they had condemned over years in their headlines and pieces was first whitewashed and when was not enough simply eliminated from the context. As example I had pointed to the changing headlines and descriptions of the fascist Azov militia in the pages of the New York Times«.
‘The current on his way out’ NATO Secretary General Jens Stoltenberg keeps rattling with his nuclear saber galore followed by his squeaky puberty boy voice, which is supposed to sound intimidating that he (they) will fast-track Ukraine to join NATO. At approximately the same time the leaders of Poland, Czech Republic and Slovakia are calling the part of the world they arrogantly regard as ‘the free’ world (which is circa 25ish %) to not get derailed off their steadfast pathway to the complete destruction of Russia and the total victory of the Collective West.
But reality check snaps back at them: this very same world which masquerades around as the free and democratic now coyly admits that Russia is a colossal world power and a mighty empire worth their respect and one should treat it that way. These odd requests seem to be trickling in from those circles in the U.S. which have brutally proven how influential they have been far too many times by pushing for each and every imperial war which Washington, Bundestag, Number 10 Collective have waged against so many for them ‘undemocratic’ countries and alleged dictators on the other side of the political radar. However, they now appear to be calling for peace (in 50 shades of John Lennon (well, I shall say that again: you cannot fool me again). They are calling for peace not because they want peace. If they had wanted peace in the first place, they wouldn’t have caused it, nor would they have kept churning out weapons and shoveling it off into Ukraine but because they must surely know (which they cannot admit publicly though) that the continuation of this war will bring them a miserable defeat and not a triumphant victory they have been hoping for. This ongoing polemic inevitably leads to the Rand Corporation yet again.
While reading about Rand Corporation, I have an urge to add a resounding red-pencilled, negative not after each verb therein. Jokes aside, two months after the Rand Corporation (read: Pentagon) in their borderline defeat-admitting posturing suddenly recommended avoiding a long-lasting war because the price the USA and the EU will have to pay in the time to come will be increased manifold. An offer of peace with strikingly similar reasoning has arrived from two more equally important institutions: the Council on Foreign Relations and the Centre for Strategic and International Studies. The chances are slim that these most possibly ‘as treacherous as a rattle snake’ offers are not already ‘operated’ by the Washington powers that be. They most probably are. It is another issue what effect they may have.
President of the Council on Foreign Relations, Richard Haass, and his advisor, Charles Kupchan, have mentioned in Foreign Affairs duly or perhaps as an effort of coming up with lame excuses, what they were planning to suggest. Namely, they suggested (seems to me an obsequious) request that Ukraine be sent considerably more lethal weapons than before. But then they fell into an abysmal paradox by saying that in fact one should not expect Ukraine to win but in the best case scenario it will get stuck (let me use colourful language) in a gory gridlock Kiev appears to be facing with all the more limitations in manpower and foreign aid; the gridlock which will probably be haemorrhaging for decades from now in one form or another.
Two weeks ago or so, New York Times followed suit of their ‘mainstream media brothers in arms’ in that it revealed that the U.S. officials have estimated the prospects were (are) bleak for the Ukrainian counter offensive resulting in a dramatic change. It would not gain any vital military advantage on behalf of Ukraine and without a decisive victory the NATO aid for Ukraine may dwindle into thin air so that the Kiev regime could find itself under enormous pressure to desperately go for serious peace negotiations and put an end to this gridlocked disaster. Alternatively they can freeze the conflict for the foreseeable future (my note to SCF readers: I am sure another pack war-hungry NATO jackals will rise from the dead in a decade or so in this way).
By the same token, Council on Foreign Relations estimates that the USA and Europe will in all likelihood have valid reasons to abandon their proclaimed policy of ‘support for Ukraine as long as Ukraine needs them’ (my note to SCF readers: ’till the last Ukrainian dies). Admittedly, reality bites back that the continuation of their lavish support for Kiev is ridden with broader strategic risks which come with it. This gruelling war of attrition massively depletes the military might and capacities of the Collective West and dangerously dwindles their military supplies. The U.S. industry cannot keep up with the speed Ukraine is spending arsenals of ammunition and apart from that the exorbitant military expenditure incurred on them. I don’t think they have heard Clare Daly’s brave pleas eerily echoing in the EU Halls of Shame. I think they have looked into their empty NATO pockets.
All in all, the goals of Ukraine are slowly coming into conflict with other obviously insatiable but utterly unsustainable interests of the Collective West. The general public in the West are becoming ever more indecisive about the foreign aid they have to send off (out of their taxpayers’ coffers) having seen the accumulated costs it has bulldozed back so far. This is a crucial but possibly sobering moment for the Kiev regime – CNN reports with a reminder that NATO is now uncharacteristically united and determined in its support of Ukraine (with hindsight Slava Ukraini slogan seems so blatantly bland at this moment the woke-obsessed Western elites cheerfully chanted only a year ago). A rather confusing hollow statement follows on their part: ‘Yet they cannot count on this level of support this time next year’ (my note to SCF readers: whatever Stoltenberg’s endless press releases seem to be saying). Council on Foreign Relations admits that the partnership between Russia and China will continue to grow. Centre for Strategic and International Studies reckons that it cannot be in the interests of the USA to push Russia right into (pardon my picturesque language again) the Chinese loving arms and in doing so to militarily and financially face two Minotaurs united into one colossal power.
For all these reasons, the attitude of the Council on Foreign Relations is highly cynical, though not unexpected, that in this context not even Ukraine and its NATO acolytes can possibly rely on the homogeneous, though not untroubled unity of the West. The peace in Ukraine cannot be hostage to the far-fetched war goals which are most probably unsustainable and not within easy military reach. This council thus mentions it is the time for Plan B. Funnily enough, New York Times comes up with the same sounding innuendos: a frozen conflict such as the one in between Cyprus and Turkey or North Korea and South Korea will suffice, according to them. At least for now. One cannot help but think this is nothing but admission of defeat with its possible double entendre that Russia simply cannot be defeated.
Moreover, in order to achieve the much-needed truce, Russian allies China and India are being spoonfed a (seems to me ‘forked tongue’) offer of a partial lifting of sanctions and strategic dialogue with NATO about a broader European geo-strategic architecture. But if anyone in Washington, Pentagon, Bundestag, Brussels, London et al would care to notice, this was exactly what Russia had requested i.e. in winter 2021 before the onslaught of the special military operation in Ukraine. Yet, regrettably Russia was flatly dismissed with an arrogantly rude rejection.
Center for International and Strategic Studies without much arrogance left on their political platter now seems to be suggesting to Washington not to turn a deaf ear to reality that Russia is the biggest country in the world with a huge human potential and natural resources, an empire with a long (and if anybody in the West would dare admit) glorious history the sanctions against which should be lifted and unlike the end of the Cold War, they should treat Russia as a global power and integrate it with their European family to the best of their (NATO) potential. Russia, they say, should not be viewed as inferior to the West, which should beg their slave-drivers for mercy. But Russia has already walked on NATO plank Hansel und Gretel style before and fell for these diabolical lies.
Remember Putin: “We haven’t even started anything yet.”
“Whispers of an ‘evil power’ were heard in lines at dairy shops, in streetcars, stores, apartments, kitchens, suburban and long-distance trains, at stations large and small, in dachas, and on beaches. Needless to say, truly mature and cultured people did not tell these stories about an evil power’s visit to the capital. In fact they even made fun of them and tried to talk sense into those who told them.”
Mikhail Bulgakov, The Master and Margarita
To quote Dylan, who might have been a Bulgakov epigone: “So let us stop talking falsely now/the hour’s getting late.” By now it’s quite clear the delusion of a “peace” deal in Ukraine is the latest wet dream of the “non-agreement capable” usual suspects, always hooked on lies and plunder while deftly manipulating selected liberals among the Russian elite.
The goal would be to appease Moscow with a few concessions, while crucially keeping Odessa, Nikolaev and Dnipro, and safeguarding what would be NATO’s access to the Black Sea.
All that while investing in rabid, resentful Poland to become an armed to the teeth EU military militia.
So any “negotiations” towards “peace” in fact mask a drive to postpone – just for a little while – the original masterplan: dismembering and destroying Russia.
There are very serious discussions in Moscow, even at the highest levels, on how the elite is really positioned. Rougly three groups can be identified: the Victory party; the “Peace” party – which Victory would describe as surrenders; and the Neutral/Undecided.
Victory certainly includes crucial actors such as Dmitry Medvedev; Rosneft’s Igor Sechin; Foreign Minister Lavrov; Nikolai Patrushev; head of the Investigative Committee of Russia, Aleksandr Bastrykin; and – even under fire – certainly Defense Minister Shoigu.
“Peace” would include, among others, the head of Telegram, Pavel Durov; billionaire entrepreneur Andrey Melnichenko; metal/mining czar Alisher Usmanov (born in Uzbekistan); and Kremlin spokesman Dmitry Peskov.
Neutral/Undecided would include Prime Minister Mikhail Mishustin; mayor of Moscow, Sergei Sobyanin; Chief of Staff of the Presidential Executive Office, Anton Vaino; First Deputy Chief of Staff of the Presidential administration and media czar, Alexey Gromov; Sberbank’s CEO Herman Gref; Gazprom CEO Alexey Miller; and – special bone of contention – perhaps FSB supremo Alexander Bortnikov.
It’s fair to argue the third group represents the elite majority. This means they heavily influence the entire course of the Special Military Operation (SMO), which by now has metastasized into an Anti-Terror Operation (ATO).
The “counter-offensive” fog of war
These different Russian views at the very top predictably elicit frantic speculation among US and NATO Think Tankland. Hostages of their own excitement, they even forget what anyone with an IQ over room temperature is aware of: Kiev – stuffed with $30 billion in NATO weaponry – may come up with less than zero effects out of its much lauded “counter-offensive”. Russian forces are more than prepared, and Ukraine lacks the surprise element.
Collective West hacks, after feverish head scratching, finally discovered that Kiev needs to go for a “combined arms operation” to get something out of its new deluge of NATO toys.
John Cleese has noted how the coronation of Charles The Tampax King looked like a Monty Python sketch. Now try this one as a sequel: the Hegemon cannot even pay its trillions in debt while Kiev P.R. goons complain that the $30 billion they got is peanuts.
On the Russian front, the indispensable Andrei Martyanov – a maelstrom of wit – has observed how most alarmed Russian military correspondents simply have no idea “what type and volume of combat information is pouring to the command posts in Moscow, Rostov-on-Don or staffs of frontline formations.”
He stresses that “no serious operational level officer” will even talk to these guys, joyfully described as “voenkurva” (roughly, “military bitches”), and simply will not “divulge any kind of operational data which is highly classified.”
So, as it stands, all the sound and fury about the “counter-offensive” is shrouded by a thick fog of war.
And that only serves to add more fuel to the fire of US Think Tankland wishful thinking. The new dominant narrative in the Beltway is that the leadership in Moscow is “fragmented and unpredictable”. And that may be leading to “a conventional defeat of a major nuclear power” whose “command-and-control system broke down.”
Yes: they actually believe in their own silly (copyright John Cleese) propaganda. They are the American equivalent of the Ministry of Silly Walks. Incapable of analyzing why and how the Russian elite holds different views on the method and the extent of the SMO/ATO, the best they can come up with is “protecting Ukraine is a strategic necessity, since the Russian threat increases if Moscow wins in Ukraine.”
What’s behind Prighozin’s sound and fury
Trademark American arrogance/ignorance does not erase the fact there seems to be a serious power struggle among the siloviki. Yevgeny Prigozhin, a siloviki, in fact denounced Shoigu and Gerasimov as incompetent, implying they only keep their posts out of loyalty to President Putin.
This is as serious as it gets. Because it’s linked to a key question posed across several educated silos in Moscow: if Russia is widely known to be the strongest military power in the world with the most advanced defensive and offensive missiles, how come they have not wrapped up the whole deal in the Ukrainian battlefield?
A plausible answer is that only 200,000 members of the Russian army are currently fighting, and about 400,000 to 600,000 are waiting in reserve for the Ukraine attack. While they wait they are in constant training; so waiting works to Russia’s advantage.
Once the famous “counter-offensive” peters out, Ukraine will be hit with massive force. There will be no negotiated settlement. Only unconditional surrender.
What goin’ on right now – the Prigozhin drama – is subordinated to this logic, running in parallel to a quite sophisticated media operation.
Yes, the Ministry of Defense (MoD) made several serious mistakes, as well as other Russian institutions, since the start of the SMO. To criticize them in public, constructively, is a salutary exercise.
Prighozin’s tactics are a gem; he manipulates a degree of public outrage/indignation to put pressure on the MoD bureaucracy by essentially telling the truth. He could even go as far as naming names: officers who are abandoning different sectors of the frontlines. In contrast, his Wagner “musicians” are pictured as true heroes.
Whether Prigozhin’s sound and fury will be enough to fine tune the MoD’s entrenched bureaucracy is an open question. Still, media coverage of the whole drama is essential; now that these problems are in the public domain, people will expect the MoD to act.
And by the way, this is the essential fact: Prighozin has been allowed (italics mine) to go as far as he wants by the Higher Power (the St. Petersburg connection). Otherwise he would be in a revamped-gulag by now.
So the next few weeks are absolutely crucial. Putin and the Security Council certainly know what everyone else doesn’t – including Prighozin. The key take away is that the ground will start to be laid for US/NATO to eventually turn rump Ukraine, the Baltic lap dogs, rabid Poland and a few other extras into a sort of Fortress Eastern Europe engaged in a war of attrition against Russia with the potential to last decades.
That may be the ultimate argument for Russia to finally go for the jugular, as soon as possible. Otherwise the future will be bleak. Well, not so bleak. Remember Putin: “We haven’t even started anything yet.”
Nazi Germany’s defeat in 1945 has proven to be only a pause in a longer historical struggle against fascism. We are seeing that struggle playing out in Ukraine, and with Washington’s madcap psychopathic aggression toward Russia.
This week marked the 78th anniversary of the defeat of Nazi Germany in May 1945. While the evil Third Reich was vanquished, a deeper monster had not been slain. Nazi Germany was only one version of Western imperialist fascism, a force that reemerged postwar in full strength in the form of the United States of America and its various Western clients.
It is not hyperbole to describe Washington and its Western satellites as the Fourth Reich.
The ad hoc wartime alliance between the Soviet Union, the United States, Britain and other Western allies would promptly give way to the Cold War, even as the ashes of the most destructive war in history were still smoldering. It is staggering to contemplate the deviousness here.
This reconfiguring of Western militarism explains why the United Nations established in 1945 was immediately made a mockery of by the U.S.-led Western powers and the NATO axis formed in 1949 with countless foreign wars of aggression, from the Korean War (1950s) right up to the present war in Ukraine.
The origins of the Cold War in 1945 and of today’s confrontation in Ukraine can be traced to the secret relations between the Americans and British and the Nazi Reich at World War Two’s end.
Redeploying Nazi War Machine
Declassified American archives, among other sources, attest to the recruitment of tens of thousands of Nazis, SS officers and their murderous collaborators by the United States and Britain. The largely unspoken objective was to redeploy the remnants of the Third Reich’s war machine against the Soviet Union.
Ukrainian fascists who had actively participated in the Nazi Final Solution killing millions of Slavic people were recruited by the Western powers to fight a proxy war behind Soviet lines. Mass murderers like Stepan Bandera and Mykola Lebed were protected by the American and British intelligence agencies to continue their nefarious work. Former Nazi spy chief Major General Reinhard Gehlen was assigned to coordinate Ukrainian and Baltic Nazi guerrillas to wage a covert war against the Soviet Union. These are but a few names in a whole clandestine army of agents and paramilitaries deployed by the West across Europe in the decades following World War Two. Many of them were trained in the United States for their commando, terrorist missions to sabotage Soviet societies.
American intelligence chiefs in the wartime Office of Strategic Services (OSS), such as Allen Dulles and James Jesus Angleton, knowingly recruited Nazis in Europe to pursue the anticipated next war against the Soviet Union. Ratlines were created to ensure that Nazi war criminals would evade prosecution and the Western intelligence services not only redeployed thousands of Nazi personnel, they secured lucrative gold and other loot that the Third Reich had amassed during its reign of terror. This dark money would fund covert operations carried out by the U.S. around the world for decades to come, as David Talbot documented in his book, The Devil’s Chessboard. See also Christopher Simpson’s seminal study, The Splendid Blond Beast.
Here is a merely sample list of CIA coups and subterfuges around the world that connect to the World War Two treachery with Nazis: Italy (1948), Syria (1949), Iran (1953), Guatemala (1954), Congo (1960), Cuba (1961), Dominican Republic (1961), Brazil (1964), Indonesia (1965), and Chile (1973). These are not isolated events or dates. They are a sequence in an American imperialist tapestry of worldwide aggression. And one can continue adding to the list up to Ukraine today.
Wartime Alliance Expedient for Ridding Nazi Rival
A good question is why the Western powers even bothered to form a wartime alliance with the Soviet Union to defeat the Hitler regime? After all, the U.S. and British ruling class and financial elite had been instrumental in building up the Nazi war machine during the 1930s for the purpose of defeating the Soviet Union and communism generally. No doubt, the wartime pact was an expedient arrangement for the West to get rid of the German Reich which had mutated to become an awkward imperial rival. There were also some Western leaders such as President Franklin D Roosevelt who were genuinely opposed to fascism, and who indeed was in danger of being toppled by domestic fascist factions within the establishment.
The postwar treachery of the Western wartime allies went far beyond the recruitment of Nazi personnel. Factions within the Western ruling establishment were actively considering the use of the newly developed atomic bomb against the Soviet Union. General Leslie Groves who oversaw the Manhattan Project openly told Pentagon scientists that the real target of the bomb was Moscow, not Nazi Germany as earlier advertised. There were also actual drawn-up plans such as Operation Unthinkable and Operation Drop Shot for preemptively striking the Soviet Union before it developed its own atomic weapon.
Thus, despite Western media and academic distortions and Hollywood glamorizing, the Cold War can be rightly seen as the continuation of the Second World War. The stealth plans to preemptively hit Moscow with nuclear weapons went hand in hand with on-the-ground deployment of Nazi foot-soldiers across Europe. The Soviet Union which lost at least 27 million people in what it calls the Great Patriotic War was of course aware of the impending Western treachery. Moscow saw how so-called wartime allies were cutting deals with Nazis and violating agreements to hand over war criminals. The Cold War was perhaps the greatest betrayal by the Western powers and an indelible sign of their depth of duplicity and relentless belligerence.
Western Elites Criminalizing Victory Day
Nearly eight decades on, across Europe this week was the occasion of surreal events. Russia held its annual Victory Day parade against Nazi Germany with the traditional pomp and ceremony, while in Western states there were no major official commemorations. The European elite like European Commission President – and Nazi scion – Ursula von der Leyen prefer to celebrate the newly fashioned “Europe Day” and ignore Victory Day. Indeed, they are going further and criminalizing those who celebrate Victory Day.
How weird is that? Well, only perhaps weird given the Western mainstream falsifying accounts and omissions about World War Two. But not weird for those who understand the deeper imperial intrigues of that war and its sinister aftermath.
Indeed, several events organized by citizens in European states to commemorate Victory Day were blocked by authorities. Police in Germany, the Baltics and other European states banned citizens from displaying Soviet flags at war memorials to honor the victory of the Red Army in Berlin. Yet, in these countries, supporters of Ukrainian fascists were permitted to wave their flags and harass members of the public who wanted to pay homage to the Red Army and mark the defeat of Nazism.
Russian President Vladimir Putin in his address at the Red Square parade correctly noted that an undeclared war is being waged once again against Russia. It is truly astounding that this is happening within living memory of the horrors of WWII. To any rational, moral person this may seem shockingly depraved. But if the nature of the imperialist, fascist beast is properly understood then one can readily appreciate that the beast must be fed with blood and flesh. It is uncontrollable, until it is slain.
Ukraine Battlefield in Bigger War
The conflict in Ukraine is but a battlefield in a bigger war between the U.S.-led NATO military axis and Russia. The world, as Putin noted, is at another historic juncture of existential implications for the future of the planet and life on Earth.
This week saw yet more weapons being supplied to the Kiev regime by the NATO powers. The U.S. committed another $1.2 billion in arms (on top of an already dispatched $30-50 billion over the past year); Britain announced the supply of long-range cruise missiles capable of striking deep into Russian territory; while Germany’s top military commander General Carsten Breuer inspected Ukrainian troops and gave assessments about an anticipated counteroffensive. The entire NATO axis is de facto at war against Russia. This is no longer a proxy war and it is heading inexorably to an all-out war. The danger of a nuclear conflagration has never been so perilous, comparable to the Cuban Missile Crisis in 1962. Make no mistake, the abysmal situation has been created by Washington and its Western clients from their refusal of diplomacy and dialogue on Moscow’s proposed security accords.
The odious Kiev regime, which came to power in a CIA-backed violent coup in 2014, every week honors some Nazi figure or another from the past by renaming streets in their memory. The regime was purposed in 2014 to develop as a catspaw against Russia with NATO weapons and military trainers, as NATO chief Jens Stoltenberg disclosed again this week in a media interview.
The Americans and British recruited the Third Reich remnants at the end of World War Two because within the ranks of the Western ruling establishment were numerous fascists or “exceptionalists” who believe in a divine right of American superiority and world dominance. This is a mindset that has become endemic in Washington. The American OSS which went on to become the CIA in 1947 under the orders of President Harry Truman (the atomic bomber of Hiroshima and Nagasaki) was the embodiment of American fascism along with the Pentagon’s military-industrial complex (MIC). The CIA, the MIC, Wall Street banks and the corporate elite of American capitalism represent the deep state or corporatist state that is fascism. The electoral process is but a fig leaf of “democracy”. The same can be said for most Western states and their phoney elections. The real power resides in an unelected oligarchy. In short, the Western states are inherently fascist with a veneer of democracy, like lipstick on a pig.
The CIA would use its acquired Nazi expertise along with the British to terrorize the world with assassinations, coups and wars in the subsequent decades of the Cold War. The fascist American elite even assassinated one of its own presidents, John F Kennedy, on November 22, 1963, owing to his growing peaceful intentions with the Soviet Union and his refusal to countenance a preemptive nuclear attack on Moscow, as General Curtis LeMay and other Pentagon chiefs were demanding.
Why Supposed End of Cold War Brought No Peace
This decades-long continuity in fascist history explains why the supposed end of the Cold War in 1991, more than three decades ago following the dissolution of the Soviet Union, did not lead to greater peace and security in international relations.
The fascist Western powers led primarily by the U.S. ruling elite cannot be at peace with the rest of the world because their system of capitalist imperialism is predicated on total hegemony and dominance. That fundamental condition of inequality in human relations must be underpinned by militarism, aggression, state terrorism and war.
Nazi Germany’s defeat in 1945 has proven to be only a pause in a longer historical struggle against fascism. We are seeing that struggle playing out in Ukraine, and with Washington’s madcap psychopathic aggression toward Russia, China, Iran, and any other nation that does bow down in subservience to its dictates.
No wonder the Western elites do not even pretend now to celebrate Victory Day. It means nothing to them. They betrayed not only the Russian people but millions of Western citizens who also gave their lives in sacrifice to defeat Nazi fascism.