This conference is not for peace, since Russia is not invited, but to prepare for more war. From Tyler Durden at zerohedge.com:
Switzerland is hosting a “Summit on Peace in Ukraine ” on June 15-16 at the five-star Bürgenstock hotel above Lake Lucerne in central Switzerland. The Swiss government says they hope this will lay the groundwork for a peace process in Ukraine which has been embroiled in a bloody war with Russia for the past two years. However, that notion is fantasy given the fact that at least 80 countries from around the world are invited, yet Russia is not.
You might then ask, how can the west engage in serious peace discussions with Russia if they refuse to sit at the negotiating table with Russian representatives? Obviously they can’t, but it’s becoming clear that this is not the intent.
China, realizing that the conference is not a sincere effort to engage in a dialogue on the war, has indicated its diplomats will also not be attending. Chinese Foreign Ministry spokesperson Mao Ning said at a routine briefing:
“The arrangements for the meeting still fall far short of China’s requests and the general expectations of the international community, making it difficult for China to participate…China has always insisted that an international peace conference should be endorsed by both Russia and Ukraine, with the equal participation of all parties, and that all peace proposals should be discussed in a fair and equal manner. Otherwise it will be difficult for it to play a substantive role in restoring peace.”
After the West finds itself on the receiving end of the drastic measures of which Putin has warned, every Western leader will profess surprise and shock. From Caitlin Johnstone at caitlinjohnstone.com:
It’s damn near impossible to keep up with all the warmongering of the western empire these days.
It’s damn near impossible to keep up with all the warmongering of the western empire these days.
“This constant escalation can lead to serious consequences,” Putin said. “If these serious consequences occur in Europe, how will the US behave, bearing in mind our parity in the field of strategic weapons? Hard to say. Do they want global conflict?”
We can get a more concrete idea of what Putin was talking about from the blatant threat Moscow formally made to the UK last month, saying that Ukraine using any British weapons to attack Russian territory could result in direct Russian attacks on British military targets in Ukraine “and beyond”, which would place Russia in a profoundly dangerous state of hot warfare with NATO forces.
Moscú no descarta que las autoridades ucranianas organicen una escenificación de muertes de civiles en Jersón como ya hicieron en el pasado.
El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, considera verosímil una denuncia sobre los preparativos de Kiev para organizar una escenificación de muertes de civiles en la ciudad de Jersón, capital histórica de la provincia rusa homónima, que se encuentra actualmente bajo el control de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
“Bien se conoce que el régimen de Kiev no prescinde de ningún fraude informativo y de ninguna operación de desinformación”, dijo el vocero este 3 de junio. “Nos acordamos de aquel ataque informativo con la escenificación en Bucha“, añadió. “Fue precisamente una escenificación, una desinformación absoluta, una mentira, propiamente hablando”.
“Así lo ha hecho en múltiples ocasiones el régimen de Kiev”, recalcó el portavoz del Kremlin.
El comentario de Peskov hace referencia a las palabras de un representante de la clandestinidad prorrusa de Jersón, quien dijo a RIA Novosti que, en caso de ataque de las Fuerzas Armadas de Rusia contra lugares de despliegue temporal de unidades ucranianas, ha sido “planeada una escenificación de impactos en civiles en recintos médicos, educativos y otras instituciones públicas de la ciudad” para acusar luego a Moscú de la muerte de civiles. Con esa finalidad, destacó el informante, 13 directores de cine documental y corresponsales de guerra llegaron a Jersón el 28 de mayo.
Las potencias occidentales siguen apostando a la escalada. Ahora acaban de autorizar el régimen de Kiev a utilizar las armas que ha recibido de Occidente para atacar objetivos en suelo ruso. En principio, quienes fabrican armas son responsables del uso que se da al armamento que producen, pero en este momento Occidente esconde esa responsabilidad tras el derecho de Ucrania a defenderse. Y también se plantea la posibilidad de autorizar el régimen ucraniano para que utilice contra Rusia los misiles de largo alcance que le han entregado… mientras fingen no saber que esos misiles son inutilizables sin sus redes de satélites militares. Para terminar, también se plantean autorizar el uso de armas atómicas, lo cual sería una violación del Tratado de No Proliferación.
Manlio Dinucci (Red Voltaire).— El presidente Joe Biden autorizó Ucrania a realizar «ataques limitados dentro de Rusia con armas de fabricación estadounidense», revelaron funcionarios de Estados Unidos.
Algunos aliados de Estados Unidos ya habían ido más lejos. Hace varias semanas, el Reino Unido ya había autorizado Ucrania a utilizar los misiles británicos de largo alcance Storm Shadow en ataques contra cualquier punto de Rusia. Recientemente, Francia y Alemania asumieron la misma posición.
La decisión que el presidente Joe Biden acaba de anunciar se debe fundamentalmente a la presión que ejerció el secretario de Estado, Antony Blinken, a favor de la eliminación de las restricciones sobre el uso del armamento estadounidense por parte de Ucrania.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, fue el encargado de “preanunciar” la decisión de Washington a los miembros europeos de ese bloque bélico. Al intervenir en el consejo de la Unión Europea, el secretario general de la OTAN declaró: «Según el derecho internacional, Ucrania tiene derecho a la autodefensa. Y el derecho a la autodefensa incluye también el ataque contra objetivos militares dentro de Rusia.»
Al mismo tiempo, Polonia anunció la compra de misiles de largo alcance a Estados Unidos y afirmó «estar dispuesta a albergar armas nucleares de la OTAN». Lo mismo hizo Suecia. Este pais, que acaba de sumarse a la alianza atlántica, dio a conocer que está «disponible para acoger armas nucleares estadounidenses en caso de guerra».
Francia puso a prueba un nuevo misil nuclear lanzado desde el aire y ha destinado un 13% de su presupuesto militar al fortalecimiento de su armamento nuclear.
En cuanto a los objetivos en Rusia contra los cuales estarían dirigidos los misiles de largo alcance que Estados Unidos y los demás países miembros de la OTAN entregan a Ucrania, Kiev divulgó recientemente que «un drone ucraniano tuvo como blanco un segundo radar militar ruso de largo alcance». Se trata de un radar de alerta temprana, concebido para identificar misiles balísticos, incluso hipersónicos, y otros objetos volantes incluso a 10 000 kilómetros de distancia de la instalación de alerta.
Es imposible que el ejército ucraniano tenga la capacidad necesaria para efectuar solo un ataque de ese tipo en la profundidad del territorio ruso. La situación del ejército ucraniano es actualmente tan difícil que Kiev ha promulgado una ley que le permite reclutar en las cárceles delincuentes condenados por delitos de derecho común, incluso criminales, que estén dispuestos a pelear en el frente para escapar a la prisión.
Además, un ataque como el anunciado por Kiev requiere el uso de una red de satélites militares que Ucrania simplemente no tiene. Eso indica que quienes dirigen ese tipo de ataque contra Rusia son en realidad las fuerzas armadas de Estados Unidos y de la OTAN, actuando estas últimas bajo las órdenes del Pentágono estadounidense.
Países que, como Italia, «acogen» armas nucleares estadounidenses, en violación del Tratado de No Proliferación, se ven así convertidos en la primera línea de un enfrentamiento nuclear con Rusia, enfrentamiento que hoy sería muchísimo más peligroso en tiempos de la guerra fría.
En la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, Silicon Valley ha cobrado un gran protagonismo. El espacio se perfila como una nueva etapa en la escalada tecnológico-militar
Ucrania, laboratorio de inteligencia artificial en conflictos
La guerra de Ucrania ha sido descrita como un laboratorio para el desarrollo de la inteligencia artificial en los conflictos. Para este y para los venideros. Desde los primeros días de la invasión rusa quedó claro que esta guerra estaba marcada por el uso masivo de IA, desplegada por ambos bandos. Especialmente en armas letales. Pero no sólo.
Hay otra dimensión del conflicto, quizá menos evidente pero igualmente decisiva, que tiene que ver con la inteligencia artificial y las plataformas tecnológicas que la desarrollan y/o utilizan. Se trata de la propaganda.
Sun Tzu ya nos dijo hace un par de milenios que la mejor guerra ganada es la que no se libra con armas. Y hoy Ucrania nos dice que tanto las armas letales como las retóricas se gestionan mediante la acumulación de big data.
El Ministerio de Transformación Digital
Pero vayamos por orden. Y empecemos por un personaje. Se llama Mychajlo Fedorov, acaba de cumplir 33 años y es ministro de Transformación Digital y viceprimer ministro del régimen de Denys Šmyhal.
Parafraseando a Jean Baudrillard, y con el debido respeto al más de medio millón de personas -o más- que han muerto en este conflicto, si leemos esta guerra como una gran batalla posmoderna Mychajlo Fedorov es sin duda una de las estrellas de este espectáculo.
Experto en marketing digital, primero construyó la candidatura presidencial de Volodymyr Zelensky e inició la transición tecnológica del país. Después, una vez estallado el conflicto, se encargó de gestionar los dos aspectos que siempre han marcado la suerte de la guerra: las armas y la propaganda.
En ambos casos, lo ha hecho aprovechando el big data, el corazón palpitante de la inteligencia artificial. Y en ambos casos se ha servido del poder comercial y tecnológico de la Big Tech de Silicon Valley: el tercer actor en liza en este conflicto.
Drones: hacia la automatización de las armas letales
El 29 de marzo de 2022, apenas un mes después de la invasión, la revista Fortune ya publicaba un artículo sobre el uso de la IA en los conflictos. «El mercado global de armas letales controladas por inteligencia artificial vale ahora unos 12.000 millones de dólares, pero se calcula que su valor podría superar los 30.000 millones a finales de la década«, escribía con preocupación Jeremy Kahn.
«Desgraciadamente, no tenemos ni idea de si esta evolución tendrá un límite y, lo que es más importante, de cuál será«, se hizo eco Verity Coyle, asesora principal de Amnistía Internacional.
Mientras tanto, en el lado ucraniano se enfrentaban los drones Bayraktar TB2, desarrollados por la multinacional turca Baykar Technologies. Y del lado ruso, los drones «suicidas» Shahed-136, construidos por la Iran Aircraft Manufacturing Industries Corporation.
En realidad, ninguno de los dos drones estaba totalmente automatizado y guiado «sólo» por la IA. Y, de hecho, los Bayraktar TB2 tenían casi más una función propagandística de recopilación de imágenes y filmación de vídeos que ser una fuerza letal para destruir tanques rusos.
Pero ya estaba claro desde el principio que sería un conflicto marcado por el desarrollo tecnológico. Por el big data y la inteligencia artificial. La automatización total no estaba lejos.
El 10 de enero de 2023, ni siquiera un año después de la invasión, Mychajlo Fedorov anunció en un tuit que todos los esfuerzos de la industria bélica se destinarían a construir armas y drones que funcionaran «sin el humano«.
Y unas semanas más tarde, fue de nuevo Mychajlo Fedorov quien anunció que EEUU iba a enviar el interceptor Fortem DroneHunter F700. Drones totalmente automatizados guiados por inteligencia artificial capaces de localizar, reconocer, identificar y luego aniquilar drones enemigos. Todo ello sin la menor intervención humana.
La suerte estaba echada. El destino del campo de batalla ya no lo decidirían los tradicionales comerciantes de armas, sino las Big Tech de Silicon Valley encargadas de la recopilación de datos y el desarrollo de la inteligencia artificial.
El deus ex machina de la guerra: Palantir Technologies
Pasan dos semanas más y en febrero de 2023 se celebran las conferencias Reiam en el Foro Mundial de La Haya (Países Bajos). Un evento que pretende conectar los mundos de la inteligencia artificial y el sector estratégico militar.
Alex Karp, Director General de Palantir Technologies, intervino en la conferencia y anunció triunfante: «Somos responsables de la mayoría de los ataques que se producen en suelo ucraniano“.
Silicon Valley anuncia que el conflicto en suelo ucraniano es «lo suyo». En menos de un año, el gran protagonista de la guerra en Ucrania pasa a ser Palantir Technologies. Una multinacional de recopilación, uso y desarrollo de big data fundada en Palo Alto en 2003 por Peter Thiel, el multimillonario trumpiano fundador de PayPal.
Cuando estalló el escándalo de Cambridge Analytica en 2016, se descubrió, o se redescubrió, que la recopilación de datos es un arma política capaz de decidir el destino de las naciones.
SCL Group, propietaria de Cambridge Analytica y cerrada en 2018 tras el escándalo de su filial, ha sido contratista del Pentágono, la OTAN y la inteligencia militar británica, entre otros. Y siempre ha presumido de haber influido en elecciones, golpes de Estado y guerras a través de sus sistemas de análisis de comportamiento y recopilación de datos.
De la vigilancia policial predictiva a la detección de drones enemigos
Palantir Technologies tiene los mismos clientes militares y de inteligencia que SCL Group desde principios de los años noventa. La CIA, el Pentágono, varios servicios de inteligencia, la Defensa estadounidense, británica e israelí. Puede que no haya decidido las elecciones en Nigeria o Filipinas como SLC. O al menos no presume de ello.
Pero lo cierto es que participó junto al ejército estadounidense en las invasiones de Irak y Afganistán.
Y dentro del país lleva a cabo guerras de baja intensidad, como operaciones policiales predictivas para las fuerzas de seguridad de Nueva Orleans. O para las patrullas fronterizas durante la administración Trump.
Todo ello siempre mediante la recopilación, catalogación y desarrollo de big data: el corazón negro de la inteligencia artificial. Entre los servicios que Palantir ofrece al ejército ucraniano, a menudo de forma gratuita, se encuentra el sistema Skykit AI, que ofrece la posibilidad de analizar los movimientos por satélite de los drones enemigos y los feeds de las redes sociales. Siempre el doble rasero: armas letales e información.
Todo lo que la IA puede hacer en la guerra
En un reportaje en profundidad de Time publicado en febrero de 2024, se relata cómo Alex Karp, el CEO de Palantir Technologies que se había jactado de ser el protagonista de la guerra, ya se había reunido con el ministro de Transformación Digital Fedorov pocos meses después de la invasión. El periodista remonta la estrecha colaboración entre la multinacional de Silicon Valley y el Gobierno ucraniano a los primeros días del conflicto.
Desde entonces, las conversaciones entre ambos han sido prácticamente diarias.
El artículo de Time explica con todo detalle el papel de Palantir Technologies y otras start-ups tecnológicas en el conflicto. Y profundiza en todos los posibles usos de la inteligencia artificial en el campo bélico: vigilancia, análisis de satélites, descifrado de códigos, interferencias de radio, reconocimiento facial, análisis predictivo, ciberataques, propaganda en redes sociales y armas letales de destrucción.
Y también recoger pruebas de los crímenes de guerra del adversario, limpiar campos de minas, organizar la logística de los desplazados, analizar y optimizar la burocracia y las decisiones internas, políticas y militares.
Y lo que es más importante, según afirman varias fuentes a Time, el software de IA de Palantir Technologies presenta a los mandos militares las mejores opciones para llevar a cabo la guerra cuando el propio software no toma las decisiones.
La nueva industria armamentística: las grandes tecnologías
Pero no sólo está Palantir Technologies. Del lado ucraniano en el conflicto están todos los gigantes de Silicon Valley que prestan ayuda tecnológica al gobierno de Volodymyr Zelensky en forma de software, nubes, programas informáticos de protección y ataque, defensa y ataque.
En el conflicto ucraniano, EEUU no sólo suministró las armas, sino que también desplegó a los peces gordos Microsoft, Amazon, Google y Starlink.
Por no hablar de la polémica Clearview AI -también financiada por Peter Thiel-, la aplicación más ambigua de la inteligencia artificial para el reconocimiento facial.
He aquí la nueva industria armamentística del futuro: la Big Tech de Silicon Valley. «Podemos definir a las multinacionales implicadas en el desarrollo de la IA como los nuevos traficantes de armas«, afirma sin ambages a Time el experto en seguridad Jacob Helberg.
Así es como el laboratorio de guerra ucraniano se convierte en crucial para narrar la doble vía de las aplicaciones de la inteligencia artificial a la guerra. Y cómo se convierte en decisivo para narrar la guerra que viene.
Las guerras del futuro. Guerras explícitas, en las que morirán decenas o cientos de miles de hombres, mujeres y niños inocentes, como siempre. Y guerras subterráneas, libradas mediante análisis de comportamiento, predicciones y condicionamientos.
Siempre a través de la recopilación y el uso de big data: el corazón negro de la IA.
El imperialismo necesita mantener a Zelensky al frente del gobierno; de lo contrario, un cambio podría desestabilizar aún más al régimen neofascista
Vladimir Zelensky fue elegido presidente de Ucrania en 2019 prometiendo el fin de las hostilidades contra las regiones rebeldes del país y la normalización de las relaciones con Rusia. Ucrania llevaba cinco años de guerra civil, desencadenada por el envío de tropas del ejército contra las poblaciones de Donetsk y Luhansk después de que se rebelaran contra el golpe de Estado que derrocó a un presidente electo e impuso una dictadura en el país.
Esas dos regiones, de mayoría étnica rusa, fueron las más afectadas por el golpe de Estado. Viktor Yanukovich, el presidente derrocado, obtuvo la mayoría de votos en Donbass, en el sureste de Ucrania, donde una gran parte de la población es rusa. Una de las primeras medidas del nuevo régimen fue prohibir el idioma ruso del sistema educativo: antes, los rusos étnicos tenían derecho a ser educados en su propio idioma, ahora se les impuso un idioma extraño. Se prohibió la transmisión de programación de radio y televisión en ruso. Se convocaron manifestaciones con lemas como “¡Yanukovich es nuestro presidente!” Para reprimir el descontento, el nuevo régimen envió tropas acompañadas de paramilitares neonazis, provocando masacres como la de la Casa de los Sindicatos en mayo de 2014 en Odesa, donde alrededor de 50 opositores fueron quemados vivos. Los habitantes de Donetsk y Luhansk respondieron organizando milicias populares y celebrando referendos en los que la mayoría decidió secesionarse de Ucrania porque no querían someterse a un régimen hostil que les oprimía y que ya había reprimido el movimiento antigolpista en Odesa y Járkov por la fuerza. Entonces estalló la guerra.
Cuando Zelensky llegó al poder, la dictadura ya estaba consolidada. Los partidos de oposición, como el Partido de las Regiones (el más grande del país hasta el golpe) y el Partido Comunista (el segundo más grande) no podían organizarse libremente ni participar en las elecciones. Los ciudadanos de Donbass que se negaron a reconocer el nuevo régimen ya eran considerados oficialmente terroristas y los que fueron hechos prisioneros fueron torturados y asesinados. Alexander Kharitonov fue arrestado. Lyubov Korsakova tuvo que huir a Rusia, donde aún así fue víctima de un ataque. Hablé con ambos en 2022. Son sólo dos de las miles de víctimas de la represión en Donbass. Alrededor de 15.000 personas han muerto debido a la agresión de Kiev desde 2014.
Los batallones neonazis, como Azov, Aidar y Tornado, así como organizaciones de extrema derecha como Praviy Sektor y Svoboda, actuaban libremente e incluso fueron incorporados al Estado ucraniano: al ejército y a la política oficial, con miembros en el parlamento. Mientras tanto, la oposición fue absolutamente exterminada. En 2021, se cerraron tres importantes canales de televisión de la oposición (112 Ukraina, NewsOne y ZIK). La censura afecta a emisoras de radio y televisión, periódicos impresos, sitios web y redes sociales, incluidos los canales de YouTube. La censura es “digna de los peores regímenes autoritarios“, denunció en 2023 la Federación Europea de Periodistas. La comunidad religiosa más grande del país, la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, fue prohibida por el parlamento en octubre del año pasado.
Hoy en día, además del Partido de las Regiones y el Partido Comunista, el Partido Socialista, el Partido Socialista Progresista (de Kharitonov y Korsakova), la Unión de Fuerzas de Izquierda, los Socialistas, el Bloque de Oposición, Justicia y Desarrollo, el Estado, OURS y el Bloque Vladimir Saldo, entre otros, son ilegales. La SBU (la policía política ucraniana) justifica las prohibiciones acusando a estos partidos de haber “llevado a cabo actividades antiucranianas, promovido la guerra y creado amenazas reales a la soberanía y la integridad territorial de Ucrania”. Numerosos opositores al régimen y a la guerra están encarcelados, como el pacifista Bogdan Syrotiuk y los hermanos comunistas Mikhail y Alexander Kononovich. A pesar de todas estas medidas dictatoriales, censura, persecución y encarcelamiento de opositores, la ilegalización de partidos políticos y entidades religiosas y el predominio de fuerzas abiertamente nazis, Ucrania es considerada una democracia por los líderes imperialistas y el monopolio occidental de las comunicaciones. Todas estas evidentes violaciones de las libertades democráticas han sido ocultadas o, como mucho, minimizadas durante los últimos diez años.
Freedom House, una organización financiada por el gobierno estadounidense que realiza una evaluación anual del estado de la democracia en el mundo, no ve nada malo en prohibir una docena de partidos de oposición en Ucrania y relativiza la censura de la libertad de expresión y de religión. El gobierno ucraniano no es tan culpable como la “invasión rusa”, aunque ésta no tuvo lugar hasta 2022, mientras que en los ocho años anteriores ya se habían suprimido todas las libertades en Ucrania.
El tema más reciente en la lista de arbitrariedades del régimen ucraniano fue la expiración del mandato de Zelensky el 20 de mayo sin que se hubieran celebrado nuevas elecciones. La constitución ucraniana ordena que se realicen cada cinco años y, de hecho, deberían haber tenido lugar en marzo de este año. Sin embargo, el gobierno afirma que la ley marcial aplicada desde febrero de 2022 no permite la celebración de elecciones mientras esté en vigor. Por eso también se pospusieron indefinidamente las elecciones parlamentarias, que deberían haber tenido lugar en octubre de 2023.
En general, la cobertura internacional en los principales medios de prensa del mundo guardó silencio sobre este tema. Los pocos artículos que mencionan la expiración del mandato de Zelensky argumentan que la ley marcial impide la celebración de elecciones. Se trata de una falsificación de la legislación ucraniana. La constitución del país menciona los derechos y deberes del presidente y explica cómo funcionan las elecciones en muchos de sus artículos. El capítulo V, sobre la presidencia del país, menciona la posibilidad de que el presidente se vaya antes de finalizar su mandato, pero no hay nada sobre la extensión del mandato presidencial.
En su única mención del vencimiento del mandato de Zelensky, CNN transmitió una conversación en vivo entre la presentadora Paula Newton y la corresponsal en Kiev Nataliya Gumenyuk, en la que esta última intenta justificar la extensión del mandato de Zelensky diciendo, entre otras cosas, que la constitución fue escrita en una época en la que nadie imaginaba que sucedería una guerra. Para la ley, más aún para la constitución de un país, lo que cuenta es lo que está escrito. Si la constitución prevé un mandato presidencial de cinco años y no prevé una extensión del mismo, esto es inconstitucional.
La DW alemana consultó a juristas ucranianos para interpretar la Constitución, en lugar de consultar la propia Constitución ucraniana. Por supuesto, estos juristas dijeron que Zelensky puede continuar como presidente. Después de todo, él es el niño mimado de la prensa internacional, porque es el niño mimado del gobierno de EEUU. Zelensky puede arrestar a opositores, cerrar canales de televisión, ilegalizar partidos, perseguir a sacerdotes y masacrar a poblaciones enteras en la frontera con Rusia, pero es un defensor de la democracia. Zelensky no es Maduro ni Ortega para ser objeto de burla en la prensa internacional.
La Red Globo brasileña, filial de la prensa estadounidense, obviamente también tuvo que salir en defensa de Zelensky. G1 publicó un artículo que buscaba justificar en cada párrafo la continuidad inconstitucional del presidente ucraniano, mientras que el diario O Globo afirmaba que el cuestionamiento de la legitimidad de Zelensky no es más que “propaganda de guerra” de Rusia.
El ángulo unidireccional en la cobertura de prensa no es casualidad. La agenda fue entregada, como siempre, por el Departamento de Estado estadounidense, con las siguientes orientaciones del secretario Antony Blinken, a principios de mes: las elecciones se celebrarán “cuando los ucranianos acuerden que las condiciones permiten su celebración“. Todos los que recibieron el mensaje saben que Blinken quiso decir “cuando nosotros (los estadounidenses) estemos de acuerdo”.
No es sólo por no celebrarse las elecciones de marzo de este año que Zelensky es un presidente ilegítimo. Cada presidente ucraniano desde 2014, cuando Viktor Yanukovich fue derrocado por un golpe de extrema derecha, ha sido legal y constitucionalmente un presidente ilegítimo. El régimen nacido del golpe de 2014 es una dictadura y el presidente es elegido entre los administradores de esa dictadura, sin una verdadera oposición. Pero Zelensky parece estar abriendo un nuevo capítulo en la historia de la dictadura ucraniana: al romper con la formalidad electoral, está tratando de perpetuarse en el poder. Esto ciertamente causará discordia con otros sectores del régimen, que quieren sacarlo del poder sin cambiar la estructura dictatorial de este régimen.
Pero como Zelensky es el favorito de EEUU, la Unión Europea y la OTAN, y como estos son los que realmente dirigen la dictadura ucraniana, debería tener al menos un éxito momentáneo. El imperialismo necesita mantener a Zelensky al frente del gobierno; de lo contrario, un cambio podría desestabilizar aún más al régimen neofascista, lo que afectaría el desempeño del ejército en la línea del frente y podría provocar una victoria militar de Rusia. Y la victoria de Rusia sería la peor pesadilla del imperialismo, que ya ha hecho pública su voluntad de luchar “hasta el último ucraniano“.
Discriminaciones de las minorías étnicas, combinadas con la exaltación de la ideología neonazi, son parte de las «violaciones sistemáticas» de los derechos humanos en Ucrania, silenciados en Occidente, se desprende del informe del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. Todo lo ruso —lengua, cultura, educación— está ya prohibido en el país, añade.
El documento, subraya el organismo, continúa los esfuerzos del Ministerio para llamar la atención de la comunidad internacional sobre la grave situación de los derechos humanos en Ucrania, que “no ha dejado de deteriorarse en los últimos años”.
Sembrando ideología neonazi y rusofobia
Así, desde 2014, cuando los ultranacionalistas tomaron el poder en Kiev como resultado de un golpe de Estado armado anticonstitucional orquestado por Occidente, las violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales en Ucrania se han generalizado y se han vuelto sistémicas.
“Con el aliento activo de los comisarios occidentales, las autoridades ucranianas se esfuerzan por moldear la sociedad sobre la base de las ideas neonazis”, enfatiza el reporte.
Para ello, Kiev lleva a cabo una propaganda agresiva del neonazismo, acompañada de la reescritura de la historia de la Segunda Guerra Mundial.
Por ejemplo, fueron reconocidos como luchadores por la independencia las formaciones militares ultranacionalistas ucranianas de la Segunda Guerra Mundial, como la Organización de Nacionalistas Ucranianos (la OUN, proscrita en Rusia), que perpetró un sinnúmero de crímenes, siendo considerado el más relevante la matanza de la población civil polaca en Volinia.
Ucrania sigue erigiendo monumentos y memoriales en honor de los combatientes de la OUN. Según una investigación realizada por el periódico estadounidense The Forward sobre los monumentos erigidos en varios países a fascistas, nazis y colaboradores nazis, Ucrania ocupaba el primer lugar del mundo en este aspecto.
A nivel legislativo, se adoptan resoluciones sobre la celebración de fechas conmemorativas y aniversarios de colaboradores nazis ucranianos. Así, en 2018 el parlamento ucraniano aprobó el lema de los nacionalistas de la OUN “¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes!”, copiando el conocido saludo nazi.
También se han registrado casos de uso de símbolos nazis por parte de funcionarios ucranianos. Por ejemplo, en un mensaje de Telegram del entonces presidente Volodímir Zelenski, publicado el 9 de mayo de 2022 —día de la victoria de la Segunda Guerra Mundial— fue utilizado como ilustración una foto de un oficial militar ucraniano con el emblema de la división nazi Totenkopf (Cabeza Muerta) en el pecho.
La glorificación del nazismo, el fomento de su penetración en todas las esferas de la vida pública, la supresión sistemática de los derechos humanos, la oposición y la disidencia, y la lucha contra todo lo relacionado con Rusia se han convertido en una decidida política de Estado en Ucrania.
De acuerdo con el documento, prácticamente todos los libros de textos escolares presentan la información a través del prisma de la llamada nueva idea nacional de Ucrania, que se basa en la propaganda del odio hacia el pueblo ruso y Rusia.
“La propia Ucrania es presentada como víctima, mientras que el Estado ruso es presentado como agresor y verdugo sangriento en diversas etapas de la historia”, se desprende del informe.
En el país continúan los esfuerzos por propagar la intolerancia hacia los habitantes rusos y hacia toda la cultura rusa. Hasta la fecha, se han editado numerosas publicaciones, imágenes y collages que no solo contienen actitudes despectivas hacia los rusos, sino que directamente los deshumanizan.
No solo los monumentos conmemorativos en honor a los soldados del Ejército Rojo que lucharon contra los nazis alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, sino también los monumentos dedicados a representantes de la cultura rusa y a grandes figuras del Imperio Ruso fueron atacados por los radicales ucranianos.
Los esfuerzos a gran escala para glorificar a los colaboradores nazis ucranianos, que también fueron organizadores y participantes en el exterminio de la población judía del país, han provocado un aumento significativo de las manifestaciones de antisemitismo.
El primero y muy indicativo en este sentido fue el incidente contra la comunidad judía de Kolomiya. El 11 de febrero de 2020, el jefe de la comunidad judía de la ciudad recibió una carta en nombre del Departamento de Policía Nacional de la región de Ivano-Frankivsk (oeste del país) en la que se le exigía que proporcionara al departamento una lista completa de todos los residentes de esta nacionalidad, incluidos los estudiantes, sus direcciones y contactos. Esta exigencia se justificaba por la lucha contra la delincuencia organizada.
Prohibición de la lengua rusa y ucranianización de las minorías
El país persigue sistemáticamente la ucranianización forzosa de todas las esferas de la vida social y la asimilación de las minorías, y Kiev “ha creado un marco jurídico para estos fines” con el fin de crear un Estado monoétnico.
Por otra parte, la política de Kiev hacia las distintas comunidades étnicas es de carácter diferenciado, lo que contradice la Constitución de Ucrania, que garantiza la igualdad de derechos y libertades para todos los ciudadanos.
Ucrania sigue una línea coherente de consolidación legislativa del papel dominante de la lengua ucraniana y de reducción de las oportunidades de uso de otras lenguas en el espacio público, que varía en grado de severidad.
“La lengua rusa, que es la lengua materna de millones de ucranianos —no solo rusos étnicos, sino también bielorrusos, ucranianos, armenios, judíos, griegos y representantes de otras nacionalidades— es objeto de la mayor represión”, subraya la nota.
En consecuencia, los derechos de la población rusa y rusoparlante “son los más restringidos”. Por ejemplo, para “expulsar” la lengua rusa, las organizaciones radicales, con la indulgencia de las autoridades, organizaron diversas acciones agresivas contra los profesores que seguían utilizando el idioma ruso en escuelas y universidades ucranianas.
A mediados de diciembre de 2022, el parlamento ucraniano aprobó en primera lectura el proyecto de ley que establece la prohibición del uso de literatura en ruso en las áreas de ciencia y educación.
No obstante, el fuerte aumento de la presión sobre los rusos y los ciudadanos rusoparlantes de Ucrania no significa que se hayan eliminado todos los problemas de otras minorías nacionales del país.
Hungría y Rumania también siguen seriamente preocupadas por la continua violación de los derechos de sus compatriotas, quienes vivieron durante siglos en los territorios que más tarde pasaron a formar parte de Ucrania.
Constatan que Kiev no ha renunciado a sus intentos de asimilar a las comunidades húngara y rumana y sigue privándolas de la oportunidad de utilizar su lengua materna “fuera de casa” y de recibir educación en ella.
Restricciones a las actividades de los medios de comunicación
Las autoridades ucranianas ejercen una presión indisimulada sobre los medios de comunicación, interfiriendo en el trabajo de aquellas publicaciones cuya política editorial y valoraciones contradicen la postura oficial de Kiev.
El trabajo independiente de los periodistas se ve restringido y se intenta endurecer la censura. A menudo se producen interferencias de los servicios especiales en las actividades de los medios de comunicación y las organizaciones públicas que se adhieren a puntos de vista alternativos a la posición oficial.
En este sentido, el nivel de agresiones contra los trabajadores de los medios de comunicación sigue siendo elevado.
“La persecución penal sigue siendo un medio habitual de presión del régimen de Kiev sobre los periodistas no deseados”, detalla el informe.
Supresión de la oposición y restricciones de los derechos políticos
Las autoridades de Kiev, “siguiendo el espíritu de los mejores ejemplos nazis”, están llevando a cabo una campaña para purgar los círculos políticos de figuras y fuerzas indeseables que se oponen a la sesgada política interior y exterior y representan una competencia para los círculos gobernantes, según la Cancillería rusa.
“Sintiéndose apoyados por las autoridades oficiales y presintiendo su impunidad, los radicales de extrema derecha ucranianos utilizan activamente la violencia y los métodos de intimidación contra opositores políticos, activistas civiles, defensores de los derechos humanos y periodistas, además de presionar a las mismas autoridades para que tomen decisiones que les sean favorables”, continúa.
La introducción de la ley marcial en 2022 fue utilizada por Zelenski no solo para restringir la libertad de expresión y limpiar el espacio informativo del país, sino también para eliminar a cualquier posible rival político.
Persecución de los fieles
La Iglesia ortodoxa ucraniana canónica, que las autoridades de Kiev llevan muchos años intentando desarraigar de la escena religiosa del país, ha sido objeto de los ataques “del régimen rusófobo de Kiev”.
En los últimos años, Ucrania ha emprendido medidas legislativas concretas en este sentido.
En el parlamento ucraniano fueron registrados cinco proyectos de ley contra la institución..
Al mismo tiempo, en varias ciudades y regiones del país las autoridades locales ya han prohibido las actividades de la Iglesia ortodoxa ucraniana canónica sin esperar a la aprobación de la ley por parte del parlamento del país.
“Al día de hoy, está bastante claro que se trata de un régimen abiertamente nazi que comete innumerables violaciones, graves y sistemáticas, de los derechos humanos en todas las esferas de la vida pública”, resalta el documento.
Occidente y la mayoría de las organizaciones internacionales de derechos humanos silencian todas estas violaciones e incluso impiden investigar los crímenes: de ese modo, Kiev se limita a cumplir las instrucciones de manipuladores extranjeros, conforme con el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso.
“Por el momento, se puede afirmar que con sus acciones el Gobierno ucraniano no hace más que confirmar su total falta de independencia y se presenta como un ‘régimen títere’ que cumple las instrucciones de manipuladores externos”, resume.
Scott Ritter, analista militar y exoficial de inteligencia del Cuerpo de Marines estadounidense, informó a Sputnik que los funcionarios de aduanas le confiscaron el pasaporte y lo obligaron a bajar de su vuelo con destino a Rusia.
El exoficial debía participar en la XXVII edición del Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF, por sus siglas en inglés), que se desarrollará del 5 al 8 de junio de 2024.
“Cuando abordaba un vuelo desde Nueva York, tres aduaneros me detuvieron y confiscaron mi pasaporte. Cuando pregunté por qué, me dijeron que era por orden del Departamento de Estado”, relató Ritter
En este contexto, calificó de ilegal la confiscación de su pasaporte por parte de las autoridades estadounidenses.
“Cuestionaré la decisión del Gobierno porque es necesario impugnarla. Lo que hicieron es claramente ilegal y viola mis derechos constitucionales”, dijo.
En cuanto a las razones por las que no se le permitió volar a Rusia, Ritter dijo que las autoridades estadounidenses temían su participación en el SPIEF.
“Sé que tienen miedo”, subrayó Ritter, y agregó que seguirá intentando viajar a Rusia “con el fin de participar en actividades para promover las relaciones entre países”.
El evento, que se celebró por primera vez en 1997, es organizado desde 2006 con el patrocinio y la participación del presidente de Rusia.
En sus más de 25 años de historia, el SPIEF logró convertirse en la principal plataforma internacional de contacto entre representantes de la comunidad empresarial y en un espacio de debate sobre las cuestiones económicas fundamentales tanto para Rusia, como para los mercados en vías de desarrollo y el mundo en general.
Los gobernantes estadounidenses demonizaron a Rusia en los medios de comunicación. Por eso temen que la población sepa la verdad sobre Rusia. La élite gobernante quiere la guerra porque ha llevado al país a un estado tan deplorable… ¿Qué se puede decir de los principales judíos de este país? La sed de dinero y poder sobre el mundo entero es lo que impulsa a la mafia judía.
Biden ha autorizado al ejército ucraniano a llevar a cabo ataques con armas estadounidenses contra objetivos en el interior de Rusia, afirma el Washington Post, aunque la aprobación se aplica sólo a las regiones de Rusia que limitan con la región de Jarkov (*).
El Pentágono enviará instrucciones a Ucrania sobre las condiciones para el uso de las armas de largo alcance.
No hay nada nuevo. Es algo que ya se estaba haciendo, aunque de manera encubierta. Por lo demás, es otra prueba más de que la Guerra de Ucrania enfrenta a Rusia con la OTAN y, más concretamente, con Estados Unidos, que es quien dirige las operaciones sobre el terreno (junto con su perrito faldero, Reino Unido).
También aparece con claridad, que la presencia de tropas de la OTAN no es ningún secreto y que, a pesar de que sólo se habla de “entrenadores”, en las trincheras los cadáveres llevan los parches oficiales que prueban su lugar de origen.
El choque de Rusia con la OTAN no es un riesgo sino una evidencia y el siguiente paso en la escalada son las armas nucleares. Estados Unidos está provocando a Rusia para que recurra a sus armas nucleares tácticas. Si Rusia no lo hace es porque quiere seguir manteniendo la iniciativa.
El plan de Estados Unidos consiste en aumentar los costes para Rusia, fundamentalmente económicos. Por el contrario, Rusia evalúa exclusivamente las amenazas contra el Estado.
Hay un balance que -seguramente- Rusia tiene muy en cuenta, que son las divisiones internas del bloque belicista. En primer lugar, las divisiones entre Estados Unidos y la Unión Europea. Después las divisiones internas en la OTAN, donde cada vez las decisiones las toman un pequeño grupo de países. La última son los países de la Unión Europea que no apoyan los ataques en territorio ruso.
A largo plazo, esas divisiones internas van a convertirse en un foco de complicaciones para los adversarios más feroces de Rusia.
Otro dato a tener en cuenta es que las elecciones presidenciales en Estados Unidos están a la vuelta de la esquina y la absurda condena de Trump demuestra que en Washngton las peleas internas también son intensas.
La filtración de la noticia del Washington Post forma parte de esas contradicciones internas.
Pero el bando de la guerra también muestra desacuerdos importantes entre Washington y Kiev: Biden tampoco asistirá a la cumbre en Suiza, que definitivamente se va a quedar en agua de borrajas.
La filtración, dicen algunas fuentes, tiene como fin estudiar la reacción en Rusia a todas y cada una de las sucesivas provocaciones, es decir, tanto las retóricas como las reales.
En Moscú dicen que el uso de armas occidentales por parte de Kiev sin la participación de la OTAN es imposible. Kiev recibe misiles cuyas misiones aéreas se basan en datos de reconocimiento espacial y aéreo de la Alianza imperialista. La OTAN autoriza y supervisa cada uno de los disparos de la artillería ucraniana.
A medida que el ejército ucraniano huye en desbandada, aumenta la posibilidad de que el choque deje de tener intermediarios y las potencias con armas nucleares se van a ver las caras directamente.
Hay 20 países europeos que son miembros de la Unión Europea y la OTAN (y algunos de ellos son miembros de ambas organizaciones) que se oponen a este escenario. Al menos públicamente no autorizan a Ucrania utilizar armas occidentales fuera de la zona de guerra.
Entre ellos están Austria, Bélgica, Bulgaria, Hungría, Grecia, Irlanda, España, Italia, Chipre, Luxemburgo, Malta, Portugal, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Croacia.
Sin embargo, esos 20 países no cuentan prácticamente nada y los verdaderos amos toman las decisiones sin consultarles siquiera, lo cual puede ser otra fuente de problemas a medio plazo porque los amos siempre necesitan de los lacayos.
En Europa las decisiones sobre la Guerra de Ucrania las toma una minoría muy pequeña de países, Reino Unido, Francia y Alemania, que presentan a los demás los hechos consumados y les presionen para que se traguen cada uno de los sapos.
De este trío la postura más clara es la de Alemania, que se opone totalmente a que Kiev golpee el interior de Rusia, mientras que oficialmente Reino Unido no ha prohibido el uso de armas británicas sobre suelo ruso y Francia tampoco.
El Kremlin sigue cada uno de los pasos que dan estos países y no ha escatimado ni tiempo ni esfuerzo en advertir a cada uno de ellos de las consecuencias de sus actos.